Domingo, 18 Ago,2019
Opinión / JUL 22 2019

Desde afuera

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuando se recorren otras regiones de la patria, se encuentra que la realidad nacional no es como la pintan los medios y la publicidad. Si bien el desarrollo vial y la infraestructura de las ciudades han mejorado, el turismo como sector productivo se ha posicionado y cada día se ha vuelto más atractivo para nacionales y extranjeros. Cuando uno visita la integridad de las urbes se da cuenta de la pauperización de los ciudadanos.

Se encuentran pobres de solemnidad solicitando el favor de propios y extraños, al punto que ya muchos no solicitan metálico alguno sino una especie, una harina, un alimento, para ellos o para llevar a sus familias. No solo son venezolanos —como muchos quieren verlo—, son nacionales, que no tienen oportunidades de empleo. Personas que están dentro de la noticia de más de cuatro millones de colombianos que no acceden a una alimentación básica. Aquellos que si bien tienen Sisbén no pueden cuidar su salud. Que viven en lugares apartados de la más mínima seguridad porque en sus calles no patrulla la fuerza pública, sino la delincuencia que se ha tomado los lugares, y esclavizan a muchos de los habitantes con la dependencia de la droga o la esclavitud del gota a gota.

Unos lugares donde los profesionales jóvenes no tienen acceso a practicar y vivir de la profesión que aprendieron, los viejos llamados a ser consultores no pueden acceder a ella, y solo quedan relegados a la pequeña oferta privada y la esclavitud de su trabajo para la acción política a ver si allí pueden tener una oportunidad, lo que los convierte en esclavos del clientelismo y el burocratismo. Muchos de ellos deben taparse la nariz para hacerles campaña a personajes de la vida política, y luego ser condenados por la sociedad como partícipes de actos de corruptos en los que nunca participaron ni conocieron.

Y ahora, al aterrizar del viaje en una tierra donde el desempleo está a la orden día, donde la crisis del sector agrario golpeará contundentemente el café, los cítricos, el banano..., por fenómenos como las enfermedades o poca rentabilidad, nos encontramos con la noticia que este gobierno “cerrará la brecha entre pobres y ricos”. Podemos decir que con la reforma tributaria disfrazada que se aprobó y las que vienen logrará rápidamente el objetivo, acabará con la clase media colombiana, dejando en relación directa pobres y ricos como hace doscientos años.


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