Opinión / JUL 02 2020

Duelo de Demonios

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¿De dónde demonios proceden los demonios? Su origen se remonta a la antigüedad. En occidente, los greco-romanos, los atribuyen a las divinidades del Olimpo; en oriente, las religiones monoteístas los consideran hijos del padre de los cielos.

Sócrates es el prototipo del hombre razonable occidental, asignado por los dioses como el más sabio de toda la Hélade, para lo cual fue dotado de buen juicio, permitiéndole una familia constituida por esposa y dos hijos. 

Job, cuya protuberante nariz representa fielmente la etnia judía, fue elegido por su dios colmándolo de bendiciones con muchas riquezas materiales como tierras y rebaños, varias mujeres, siete hijos y tres hijas.

A Sócrates, los dioses le instalaron un demon en su interior forjando su destino de filósofo. A Job, el dios puso a prueba su fe a través del demonio, quién lo despojaría de todas sus riquezas y lo contagiaría de enfermedades terribles. 

Cuando algunos ciudadanos de la democracia griega acusaron al sabio de impío por rendirle culto a un demonio y no a los dioses oficiales, éste se defendió sosteniendo que su demon era hijo de los dioses, por lo tanto una divinidad. Cuando los vecinos le preguntaban a Job por qué continuaba agradeciendo a una deidad que le había despojado de todos sus privilegios, éste respondía, que el padre era el dueño del destino de los hombres, por lo tanto había que resignarse a su voluntad. 

El demon le aconsejaba a Sócrates qué hacer con su vida. Por ejemplo, le recomendaba comer y beber moderadamente; cuando iba al mercado, le hacía exclamar: “¡Agradezco a los dioses el no tener que comprar esta mercadería!”; y le exhortaba dedicarse al pensamiento más que a la acumulación de riquezas. Mientras tanto, Satanás conminaba a Job a renegar de su dios, a cambio le restituiría todos sus bienes, pero el santo, seguía firme en su fe, repitiendo: “¡Dios me lo dio, Dios me lo quitó!”.

Los jueces condenaron a Sócrates a morir bajo los efectos de la cicuta por defender a su demon; y Job murió de lepra aferrado a su creencia inquebrantable sin cejar a la tentación de Satán.

La globalización planetaria vertiginosamente ha enfrentado a estos dos inquietantes rivales; quienes se trenzan en duelo por la consecución de la gracia de ser aceptados como consejeros internos o externos de cada individuo sobreviviente a las crueles leyes del mercado.

 


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