Sabado, 19 Oct,2019
Opinión / SEP 23 2019

El brindis del boharmenio

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Dicen las malas lenguas, que, celebrando el día del amor y la amistad, se reunieron las maquinarias políticas del Quindío como alegres bohemios. El primer brindis, con alicorado acento, fue hecho por las firmas. “Brindamos por las firmas, que cual máscaras venecianas, nos permiten escondernos tras ellas. Vaya pueblo cuyabro, que cual Sancho, todavía cree en ínsulas Baratarias”. Se reían los contertulios con esas frases vanas. 

Alzó su copa y con voz mafiosa dijo un avezado politiquero “Brindo por la democracia cuyabra, es el ser que yo más quiero. Más que al hambre y la miseria, que nos proporciona treinta votos por empleo”. Candidatos de todos los pelambres, brindaron en medio del humo y de las risas, cada uno a su manera. “Brindo por los líderes comunales, que venden sus parcelas electoreras. Por los empleados oficiales que cual borregos, le ruegan a sus familiares y vecinos, que voten, por un puesto”. Alzó su copa el más ebrio “Brindo por algunos periodistas que venden su opinión, cual yo la expreso”. Solemnemente, se escuchó en voz alta, un boharmenio del concejo “Brindo por valorización, cual cortesana, nos elevó del hospicio a noble cama”. 

El ambiente de esa fiesta berlusconiesca, fue subiendo, y estriptiseando, desnudaron sus almas. Uno de ellos, alzó la copa, y con voz aguardentosa, brindó por los organismos de control, “Brindo porque no controlan, brindo por la trashumancia electoral, brindo porque en Córdoba, hay más electores que habitantes, y porque allí, hasta los muertos votan, viva la democracia”. Todos callaron, al borde del paroxismo, entre copa y copa y abundantes babas, una voz con aspaviento interrumpió el silencio, “Brindo, dijo en medio de espirales de humo y ajenjo, por mis amigos de Mercar, ellos sí saben por dónde va el agua al molino, no el molino de los quijotes criollos, que le ladran al viento, sino el molino cuyabro, que muele sus ilusiones, y alimenta nuestras cuentas”. ¿Qué pasó en Mercar? Preguntó un fiestero, de alpargatas, carriel y sombrero. Jajajajajaja viva la democracia, abuelo, gritó un hombre de poncho, corazón grande y sombrero aguadeño. Un sábado estuvieron allí, nuestros serviles electoreros, y sin obstáculo alguno, durante todo el día, se movieron. Al día siguiente, llegó allí a repartir sus volanticos, de la Alianza Verde, un tal Carlos Caicedo, dizque candidato al concejo. No faltaba más, ese muchacho, invadiendo nuestros predios. Obviamente, mis amigos lo sacaron en menos de lo canta un gallo. Los aplausos se sucedieron.   

Mientras en un sórdido salón, los brindis interrumpían el silencio, en una sobria cafetería, se reunían varios soñadores, esperanzados. No hubo brindis, ni discursos. Solo deseos. Si queremos rescatar nuestros Quindío de las manos de los boharmenios, tenemos que invertir el curso de los molinos. Pero tenemos que unirnos, dijo uno de ellos, es nuestro deber, y así lo haremos. Si no logramos la unidad, el gobierno que venga es el que nos merecemos. Los contertulios callaron, y como en Fuenteovejuna, todos a una, dijeron. Ese es nuestro sueño.

 


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