Opinión / MAY 30 2020

El favor de Dios nos rodea

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Es cierto; en estos momentos difíciles que estamos viviendo, es cuando más necesitamos del favor de Dios y este nos rodea como un escudo; al decir escudo, sabemos su significado: “Arma de defensa que sirve para proteger el cuerpo de los golpes del adversario” y ¡qué adversario! El tan nombrado coronavirus. 

Somos vulnerables; todos estamos viviendo a la expectativa, pendientes de las noticias que nos informan sobre las estadísticas de Colombia y el resto del mundo sobre las cifras aterradoras de los seres humanos que están muriendo por los efectos destructivos de este poderoso enemigo y del cual nos podemos defender con el escudo de nuestra fe, pero también siguiendo las instrucciones que permanentemente dictan como son: el lavado de manos, el uso del tapabocas y el aislamiento que hemos tenido y seguiremos teniendo quién sabe hasta cuándo. 

Debemos aprovechar este encierro de la manera más positiva, más edificante, leyendo libros que alimenten nuestro intelecto, escuchando música, haciendo llamadas telefónicas a familiares y amigos, buscando la forma más efectiva de hacer de este encierro, de este aislamiento, una oportunidad de acercamiento con los seres que están a nuestro alrededor, con conversaciones edificantes, con la narración de acontecimientos de otros tiempos, algo que antes no era factible por las múltiples ocupaciones, por las carreras para hacer rendir las horas, por el consabido y trillado: es que no tengo tiempo para hacerlo, que tanto perjudicó a los hijos principalmente. 

Pero hoy sí tenemos a nuestra disposición todos los minutos, las horas, los días, para una comunicación valiosa, divertida e irrepetible; se trata del favor que Dios nos está mostrando a todos: un acercamiento, un tiempo para reflexionar, para apreciar la vida, para vivirla mejor, para disfrutarla como debe ser, sin afanes destructivos, sin carreras absurdas y perjudiciales; con un despliegue de amor por los demás, de compasión y ayuda hacia los más necesitados y por sobre todas las cosas, con nuestra atención y amor por nuestros seres queridos con los que hoy compartimos todo el tiempo y podemos apreciar de cerca sus valores, sus sentimientos; cómo los ha afectado esta nueva forma de vida y aprender unos y otros las enseñanzas que nos llegan a través de todo lo que estamos viviendo y experimentando. Es tiempo de reflexión, de unión familiar, de una enorme oportunidad para corregir y mejorar muchas de nuestras actuaciones, de la manera como hemos vivido hasta ahora.

“Al pasar por tiempos difíciles, asegúrese de que pase la prueba. No sea testarudo y obstinado, reconozca que Dios le está refinando, quitando algunos de sus lados ásperos. Manténgase firme y pelee la buena batalla de la fe, porque Dios nos ha llamado a ser campeones; estamos destinados a ganar siempre si cooperamos con Dios”, Joel Osteen.


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