Opinión / NOV 19 2019

El funesto FMI

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Después de la Segunda Guerra Mundial, los países desarrollados de la ONU crearon el Fondo Monetario Internacional, con el propósito de garantizar la estabilidad cambiaria, la cooperación monetaria y el comercio internacional; pero sin reconocerlo, fundamentalmente promueve el sistema capitalista y el modelo neoliberal, que beneficia a los dueños del capital. 

Por medio de sus servicios financieros —préstamos y derechos de giro— han limitado la soberanía fiscal y económica de los países subdesarrollados, imponiendo programas económicos y planes de ajuste estrictos, que incluyen: reducción del déficit fiscal y del gasto público, libre mercado, privatización de empresas públicas, reducción de salarios, incremento de edad para la pensión, eliminación de subsidios, flexibilidad laboral, reducción de prestaciones sociales, incremento de tarifas de servicios públicos, reducción de aranceles, exoneración de impuestos a la importación de bienes de capital; condiciones estas que favorecen a la oligarquía y terminan perjudicando a las clases populares. Esto, ha generado aumento de la brecha entre ricos y pobres, y mayor inequidad.

Muchas de estas medidas que buscan mejor rentabilidad del capital y mayores dividendos, provocaron recesión, desempleo, desigualdad y pobreza en algunos países o crisis financieras como en Argentina, o protestas sociales como en Chile o Ecuador, que son reprimidas con exceso de fuerza, causando varios muertos y miles de heridos y detenidos. 

 También, es muy criticado por: Intervenir políticamente, financiando y apoyando dictaduras militares. Presión para la implementación de medidas de austeridad sobre la base de un diagnóstico errado. Pronósticos poco acertados sobre la evolución de variables macroeconómicas como el PIB, la inflación y el desempleo. Sus débiles políticas sobre medio ambiente, etc.

La mayoría de países latinoamericanos tienen una elevada deuda externa con el FMI y el Banco Mundial, de cientos de miles de millones de dólares, que equivalen a un alto porcentaje del producto interno bruto y que no han servido para sacarlos del subdesarrollo. Argentina el 95%, Brasil el 77%, Uruguay el 50%, México el 45%, Ecuador el 43%. Colombia tiene la más alta deuda histórica cercana a los $150.000 millones de dólares, que representan el 47% del PIB. Esto les resta independencia y margen de maniobra en caso de una crisis fiscal.

Para rechazar este modelo impositivo y regresivo es indispensable la organización, unidad y lucha de la mayoría de la población afectada. Con carácter, firmeza y dignidad como la demostrada por los valientes ecuatorianos y chilenos, que con su rebeldía han logrado derogar las impopulares e injustas medidas decretadas por presidentes arrodillados a las políticas hegemónicas impuestas por los organismos de crédito internacional, direccionados desde los Estados Unidos. Los colombianos debemos reaccionar ante las anunciadas reformas tributaria, pensional y laboral sugeridas por la Ocde, que desmejoran las condiciones de trabajo y vida de la mayoría de la población, que subsiste con menos del salario mínimo. 


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