Opinión / AGO 04 2020

El fútbol colombiano, patas arriba II

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Van 11 días de la salida de Jorge Enrique Vélez de la presidencia de la Dimayor y más allá de unas lágrimas, gritos y conspiraciones, al mejor estilo de telenovela colombiana, no pasó nada.

Desde hace meses se habla de acusaciones serias, pero se fue Vélez y parece que se consiguió, sin mucho esfuerzo, un silencio ventajoso. En tiempos de paz, de reestructuración, para qué hablar de temas tan malucos como corrupción, sobornos y otras pilatunas. 

Entre esas perlas está la que sucedió el 8 de abril, cuando la Dimayor firmó una carta de intención con Atlhletics and Health Solutions, de Canadá, para que hiciera las pruebas de COVID-19. Dicha empresa se constituyó un día después de la firma, es decir, el 9 de abril. Qué coincidencia. Ah, y dizque en la junta directiva de esa empresa estaba un amigo de Vélez. Doble coincidencia.

Hay otras joyas por ahí extraviadas que tienen que ver con acusaciones de La Equidad sobre presuntos favorecimientos al América para ser campeón de la Liga 2019 y otras no tan mediáticas que hablan de acosos sexuales. ¿Será que la Dimayor decidió indemnizar a Vélez con 600 millones de pesos, 460 millones más de lo que le correspondía por ley, aproximadamente, con la intención de taparle la boca?

Pero las aguas sucias no solo corrieron bajo la gestión de Jorge Enrique, quien también fue presidente de Cambio Radical —uno va entendiendo—, también en pasadas administraciones y en otras casas. Jorge Perdomo, expresidente de Dimayor, aseguró hace unos meses que los poderosos Luis Bedoya, Ramón Jesurún y Álvaro González Alzate recibieron de a mil millones en sobornos en la adjudicación del contrato con Ticket Shop, en el cartel de la reventa de boletas. Corrupción aquí y allá, entre hermanos, entre maridos.

Seguramente, en otros bolsillos, también hay dineros perdidos, secretos bien guardados y complicidades deshonestas. ¿Será que esa manota de Lazaga, en febrero de 2015, cuando Cúcuta le empató a Quindío y le arrebató el ascenso, realmente no fue observada por el juez Ulises Arrieta? Más tonto uno que sigue sufriendo, que sigue haciendo fuerza como si el fútbol fuera, en realidad, un pulso de manos limpias.

Cansados de esas triquiñuelas, de silencios e incomodidades, en todas las esferas del fútbol, algunos dirigentes le dieron vida, en Cali, a la Asociación Colombiana de Clubes de Fútbol Aficionado, para hacerle contrapeso a la Difútbol, rama dependiente de la Federación y manejada a su antojo por Álvaro González Alzate, sí, el de la reventa de boletas.

Este 7 de agosto se elegirá el nuevo presidente de Dimayor. Quisiera hacer un listado de los opcionados, pero no voy a botar pólvora en esos gallinazos sabiendo que el que llegue no va a morder la mano de los que lo pusieron —y que me perdonen los gallinazos—.


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