Opinión / JUL 11 2020

El lenguaje y las épocas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Aunque parezca paradójico, del anterior ‘muy juntos pero distantes’, se pasó al ‘muy distantes pero unidos’.

Como los protagonistas de cada episodio de la historia han creado los términos para expresar sus experiencias, puede afirmarse que el lenguaje siempre ha aparecido para satisfacer la necesidad de denominar acciones, indicar y calificar las realidades de cada época.  

En este contexto, quienes no habíamos experimentado afectaciones globales en la salud, como una pandemia, desde el año pasado empezamos a conocerlas, así como los nuevos términos para identificar sus fenómenos, aclarando que con ellos se recordará esta etapa de la historia.

Lo primero que supimos fue que existía una ciudad llamada Wuhan, con 11 millones de habitantes, perdida entre 9.597 kilómetros cuadrados y 1.400 millones de chinos, donde nació el coronavirus —COVID-19— y, desde allí, empezamos a ver el peligro del contagio, cómo operaba un confinamiento, una cuarentena y las primeras medidas epidemiológicas.

Allí pudo observarse cómo los pacientes eran atendidos por médicos epidemiólogos, intensivistas y emergenciólogos que usaban indumentaria antifluidos, gorra, careta, guantes y botas en las unidades de cuidados intensivos y luego regresaban a sus hogares donde continuaban utilizando tapabocas, conservando la distancia social, pudiendo salir solo una sola persona por familia a conseguir lo necesario para la salud, o la alimentación.

Llegado el virus a nuestro continente y, no obstante haber aplicado los protocolos de aislamiento inteligente y bioseguridad, pico y placa, pico y cédula y pico y género, no ha podido evitarse el colapso sanitario, aumentando la población contagiada en forma exponencial, así como la letalidad, mientras la economía ha sufrido uno de los más duros reveses.

Ante la presión socioeconómica que exigió la flexibilización de las medidas tomadas, el uso del alcohol y del antibacterial, así como el lavado frecuente de las manos con jabón siguen precediendo las pruebas diagnósticas y moleculares con las que ha pretendido contrarrestarse los efectos de una pandemia tan arrasadora, que así se haya recurrido a experiencias piloto y cercos epidemiológicos o sanitarios, no ha podido aplanarse la curva de contagio, sobre todo por indisciplina social.

Los costosos ventiladores mecánicos han sido insuficientes y a los estudiantes han debido reemplazarles la presencialidad por la virtualidad y semipresencialidad apelando a la alternancia en las clases, instrucción parecida a la prevista para los concejos, asambleas y cámaras legislativas, todo enmarcado por restricciones en la movilidad urbana, intermunicipal e interdepartamental, a lo que se ha agregado la prohibición de vuelos nacionales e internacionales, el trabajo en casa y el teletrabajo, así como el cambio del agua bendita por gel antibacterial en los templos.

Que es necesario reinventarse para subsistir, sostienen algunos; que la experiencia ha sido la lección más drástica de la naturaleza, sostienen otros; que jamás podrá recuperarse la normalidad, dicen los demás, mientras los oportunistas aprovechan la situación ofreciendo ‘grandes promociones de cuarentena’.

 


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