Opinión / JUL 04 2015

El parque de la esclavitud

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Cuando se ingresa a la página de internet del parque Los Arrieros, venden la idea del reino de la alegría para los visitantes. E incluso, a los empleados los hacen posar en la foto con una sonrisa de oreja a oreja. El mundo feliz. La propuesta empresarial (en medio del verde de la vereda Santana en el municipio de Quimbaya) donde sus dueños han hecho los esfuerzos suficientes para que se convierta en uno los atractivos turísticos más importantes del Quindío.

El pasado 28 de junio ingresaron al parque más de 900 personas. Los visitantes disfrutan de sus atractivos: paseo en carreta, recorrido en Willys, y de alguna manera se refleja en los eventos lo que ha sido esta tierra donde la arriería (a lomo de mula, siglo XIX) podía retar bosques y pantanos para llevar de pueblo en pueblo el café, maíz, plátano, panela por parte de aquellos que se denominaron recios arrieros. Los tiempos cambian, la historia poco a poco va quedando en parques temáticos. La modernidad hace de la historia tan solo un recuerdo. Sin embargo, desde tiempo atrás, no hemos podido superar la explotación laboral.

No creo que en el siglo XIX los arrieros estuviesen asegurados a una EPS, y gozaron de los beneficios laborales que lucha tras lucha los trabajadores han conseguido hasta nuestros días. Pero las formas de esclavitud moderna, se presentan con más fuerza. En el parque Los Arrieros, 30 empleados sufren todos los atropellos en cuanto a los derechos laborales. Tienen contratos de trabajo, y les desconocen el pago de horas extras, ni dominicales ni festivos son remunerados. El trato por parte de los superiores es casi igual como cuando el arriero castigaba a sus mulares porque no querían avanzar.

Los empleados, tienen que trabajar como mulas 12 horas sin parar. Nadie se puede revelar porque es objeto de ser despedido. Ellos tienen familia, y el trabajo en el parque es el único sustento para seguir sobreviviendo. Dicha circunstancia hace que el silencio reine. La sonrisa de los empleados debe de ser permanente para disimular la situación. Aquí no pasa nada. “El que quiera así, bien. O si no, que se vaya”. La norma de la obediencia. La oficina de trabajo, sabe del parque de la esclavitud.


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