Jueves, 12 Dic,2019
Opinión / NOV 16 2019

El poder mal entendido

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Siendo cierto que cada gota de sangre humana contiene un libro de historia escrito en el idioma de los cromosomas y que ostentamos el privilegio de ser la única especie capaz de producir pensamientos  reflexivos, no es menos cierto que la humanidad no es la ganadora del premio mayor de la lotería de los cromosomas, porque falta demasiado para sobrepasarnos a nosotros mismos.

 

En este sentido, cada individuo debería tomarse el trabajo de repensarse ordenando su propia reingeniería, si quiere esperarse una sociedad mejor, no frente a la tarde que se va y la noche que llega, sino como resultado de su aporte al progreso y desarrollo humano.

Un fragmento de una columna escrita por Jaime Urrea Henao, titulada La lucha del filósofo, dice que el poder  lo adquiere quien es reconocido por una sociedad como persona con prestigio e idoneidad para regir sus destinos. 

Pero  cuando los gobernantes o gobiernos se convierten en maquinarias de poder, no rigen los destinos de sus pueblos sino los suyos o los ajenos, degradando a sus protagonistas como personas, convirtiéndolos en politiqueros que deforman la sociedad al empobrecerle sus ideales. 

Como quienes realizan esta práctica son propensos a la soberbia, la conclusión más clara e inmediata es que el objetivo de la filosofía sea  buscar  el bien común y el engrandecimiento individual pero, en la actualidad, cuando como resultado de la primacía de la categoría tener los estratos sociales se clasifican por razones económicas, se fortalece el comercio sexual en todas las sociedades del mundo, se capturan de manera frecuente bandas delincuenciales dedicadas al tráfico de drogas o al proxenetismo y la trata de hombres y mujeres se confirma como una de las empresas más lucrativas después de las armas y las drogas, mientras las víctimas de esta modalidad de comercio son sometidas a todo tipo de vejámenes por parte de sus verdugos. 

Todo esto sucede mientras se cree que el problema no tiene relación con nosotros, haciéndose urgente recordar que la seducción sexual también es una expresión de poder y el machismo una forma de corroborarlo.

Dominación y sumisión son correlatos del aberrante esquema sadomasoquista que ha imperado en todos los tiempos, así sus expresiones socio-culturales hayan sido sutiles, confirmando la prevalencia de la categoría poder, aliada con el tener, a pesar de los esfuerzos por garantizar la instauración de los paradigmas del ser, el saber y el hacer.

Con el tener y el poder pretenden  definirse muchos individuos a quienes no les importa el bagaje ético y moral, la formación y la historia personal, como lo decía don Otilio Valencia en una clase magistral: “Quienes intentan definirse por el poder y las tenencias que ostentan, son lo suficientemente superficiales y epidérmicos para alcanzar cualquier grado de realización humana”.

 


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