Domingo, 16 Jun,2019
Opinión / ABR 06 2019

El protegido V

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ingresé a una dependencia de la gobernación del Quindío, denominada sagazmente como ‘Urna de cristal’. Allí, las paredes son en vidrio templado. Uno puede ver al funcionario al otro lado. Y ellos también nos pueden ver. En la oficina del director, se encuentra instalado en la pared un televisor conectado a diferentes cámaras de seguridad, que muestran quién entra y sale de las oficinas. Eso es todo.

Creen ellos que es la mejor manera de vigilar. Y sobre todo intentan demostrar que de esa forma es que se hace transparencia pública. Pero evidentemente se trata de una ilusión óptica. Porque en el fondo del asunto, la corrupción no respeta ni paredes en vidrio templado ni de otro tipo. 

La corrupción, como medusa, la pueden protagonizar diferentes serpientes. Sin embargo, siempre hay alguien a la cabeza. ¿Cómo fue posible que el gobernador del Quindío omitiera, o se hiciera el de la sotana, para no darse cuenta de lo que estaba ocurriendo con los contratos de su protegido? Por ejemplo, la Contraloría encontró que en el contrato de consultoría No 02 de 2016, el sabio Fernando Medellín Lozano cumplió —de 4— solo dos obligaciones contractuales. Las faltantes no se evidencia informe de cumplimiento. Pero dejemos que hable la Contraloría: “Así las cosas, al no estar acreditado el cumplimiento de las obligaciones durante el plazo contractualmente convenido y teniendo presente que a dicho contrato antecede una oferta económica detallada, hay lugar a generar una observación con incidencia disciplinaria y fiscal por el valor de $10.500.000 que corresponde al valor de las actividades del contrato que no se encontraron”. En otras palabras, se le pagó por algo que no hizo.  

En fin. Si tenemos una sociedad decente, al sabio Medellín como al gobernador, e igual a la que hizo de gobernadora encargada, deben ser llamados a juicio. Desde luego, brindarle a cada uno todas las garantías del derecho a la defensa. Pero no solamente por lo apuntado durante esta serie de cinco  columnas donde he demostrado, a través del tímido informe de la Contraloría, el mecanismo de corrupción de contratos adjudicados a dedo, sino que es un modus operandi generalizado de corrupción. Originado también desde la dependencia de Cultura. Y el modo cómo el señor James González Mata favoreció con contratos a la fundación que lo vio nacer. Un giro para el beneficio propio. Lo que deseo demostrar, finalmente, es un cartel de la contracción que viene socavando la institucionalidad y el presupuesto público destinado a un pequeño grupo de élite cuyabra bendecido por Dios.

Lo que viene ocurriendo es peor que el caso aberrante de corrupción en valorización. Que Dios nos proteja de este gobernador. (Ver informe completo de Contraloría).


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