Jueves, 05 Dic,2019
Opinión / OCT 08 2018

El qué y el cómo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Existen por lo menos dos interrogantes que suscita nuestra realidad inmediata. ¿Qué es lo que nos pasa en el Quindío? y ¿cómo salimos de esa situación? Respecto al primero, pese a su complejidad, sobre la que bien vale un ejercicio de análisis colectivo que no hemos hecho, tenemos por lo menos una respuesta provisional: estamos inmersos en una grave crisis de corrupción que corroe todo el entramado institucional por cuenta de una concentración de poder político y de los beneficios económicos que de él se desprenden, en cabeza de unas familias que convirtieron el departamento en su coto de caza.

Cuando abordamos la segunda pregunta, respecto a cómo salir del atolladero, el asunto se complica. En primer término porque si bien es claro que buena parte de lo que pasa es responsabilidad nuestra y no solo de los dueños del poder, tendemos a señalar con el dedo acusador a los responsables de los males del departamento y desconocemos olímpicamente que aquí hemos pecado todos, unos por acción y muchos por omisión.

En segundo lugar, porque frente al espíritu de cuerpo y la solidez económica y política de quienes detentan el poder, solo han existido esfuerzos ‘liberadores’ asilados y excluyentes que pretenden seguir haciendo las misma lecturas facilistas de hace cuarenta años, los mismos clichés y las mismas frases hechas, las mismas consignas prefabricadas, los mismos automatismo mentales, propios de la falta de imaginación que no entusiasman a la inmensa cantidad de ciudadanos que están cansados de tanto sesgo ideológico que no los interpreta, de tanta polarización absurda que no conduce a nada, mientras el microtráfico, la inseguridad, el desempleo, la deficiencia de los servicios públicos, la falta de oportunidades, les pasa por su lado sin que nadie se percate de la necesidad desatendida de representarlos.

No sería la primera vez que las respuestas al recorte persistente de las oportunidades democráticas en el departamento como consecuencia de las hegemonías políticas, se quedarían cortas, producto de los sectarismos de izquierda y de derecha, de supuestos líderes que no han entendido que la magnitud de la respuesta a la solución de nuestros problemas públicos debe ser muy amplia, incluyendo empresarios, organizaciones independientes, grupos políticos, jóvenes, mujeres. Todavía uno encuentra convocatorias exclusivas para sectores de izquierda, o solo para empresarios como si la complejidad de la realidad que vivimos se pudiera segmentar de esa manera.

El cómo salimos de la crisis, entonces, es el asunto a discutir con generosidad y sin prevenciones para que no sigamos haciéndole el juego a quienes se han arrogado el derecho de representarnos.


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