Martes, 15 Oct,2019
Opinión / SEP 06 2019

El significado del Luis Vidales

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los seres humanos, vaciados en sacos de nervios, vivimos de ilusiones precarias. 

Las comunidades se mueven por las esquinas de la historia a partir de utopías. Las primeras son meras ficciones personales: que estamos sanos y salvos, cuando podemos caer víctimas de un rayo o de un fútil catarro; que el dinero compra casi todo, a pesar de que el amor es carísimo en los centros comerciales; que somos buenos por naturaleza, cuando en verdad nacemos con daños irreparables de fábrica en un ácido innombrable y en una conciencia difusa.

Las segundas, las colectividades, nacen, crecen y se reproducen en espejismos. En los años sesenta, por ejemplo, en muchas partes se creyó, y al mismo tiempo, que podíamos ser iguales con solo mentarlo: la utopía socialista fue la mentira blanca de un realidad aumentada con buen mercado en la academia; el feminismo, esa ola empujada por la configuración de los derechos y la invención de la píldora, aún no puede dirimir para una mujer su derecho a patear un balón en una cancha compartida y tampoco su oportunidad de vivir sin acosos; y la naturaleza, su cuidado en nuestras manos, es todavía un aullido de lobos esteparios en un universo signado por la estulticia en el poder político. 

¿Cómo leer una realidad que se desbarata a pedazos?

Dijo el gobernador Carlos Eduardo Osorio, que cuando muera el último poeta los sobrevivientes irán a sus tumbas a buscar un fragmento de pensamiento o de verso para darle sentido a sus vidas. Lo expresó en la apertura de la nueva versión del Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, con la temática Rostros y rastros de la poesía, en la institución educativa Román María Valencia. 

La poesía siempre nos queda después del naufragio. El concurso el lector del año, que se hace en Calarcá, con el apoyo económico de la alcaldía, hace trepidar las redes sociales, porque no sabíamos que los niños y las niñas de la Villa de Baudilio leen con cierto frenesí, algunos, porque todo indica que el planeta se va a acabar.

¿Cómo leer una realidad que se desbarata a pedazos?

Con poesía en mano de Jorge Shultz, Lilián Zulima González, Carlos Alberto Agudelo, Nelson Romero, Lucía Estrada, Bibiana Bernal, Abderrahman El Fathi, Juan Carlos Acevedo, Juliana Javierre, Burlando Torres, Juan Felipe Robledo, Horacio Benavides, Felipe García Quintero, Jorge Julio Echeverri, Esperanza Jaramillo, Yeni Zulena Millán, y las traducciones de Joe Broderick, que nos dirán por dónde se puede caminar hacia el paraíso de una palabra dulce.

Esta noche Jotamario Arbeláez nos cuenta, en la casa de la cultura de Calarcá, cuál es su versión del nadaísmo, la deriva poética y estética que deconstruyó los cimientos de una literatura tradicional, paquidérmica, en Colombia. Dice en un poema, que: “Un día / después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / te tomaré en mis brazos / un día después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / si después de la guerra tengo brazos / y te haré con amor el amor.

 El Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales conmueve conciencias. Hay una esperanza colgada, como una bandera, de un árbol o de un libro. Decenas, centenas de jóvenes hoy viven y leen poesía en el Quindío. 


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