Editorial / MAY 21 2020

El tren se aleja

Viendo anuncios e inicios de obras de este tipo, que le han costado al presupuesto del país la ‘bobadita’ de $8.6 billones, pasan y pasan los años, pasan y pasan gobiernos, y no pasa nada.  

Incumplir los contratos de obra pública es otra de las malas costumbres que normalizó el país. La caducidad del contrato de concesión del tren del Pacífico, que estaba a cargo de Ferrocarril del Pacífico, decretada por la misma razón que se detienen cientos de obras en el país, por incumplimiento de las obligaciones contractuales del contratista, solo sirve para recordar que en Colombia se cuentan 1.176 proyectos entre críticos, inconclusos o elefantes blancos, que no han prestado ninguna utilidad pública o social. 

El tren del Pacífico fue otro de esos proyectos que solo sirvió para la foto de funcionarios nacionales y seccionales, pagado con plata que sale de los bolsillos, cada vez más pequeños, de los colombianos, y que va derechito a los bolsillos, esos sí sin fondo, de un modelo de contratación ineficiente, costoso, permisivo, lento y corrupto. 

Se anuncia con normalidad que ahora lo que hay que hacer es volver a licitar la obra. Muy bueno para los contratistas que se frotan las manos porque tendrán nuevamente la oportunidad de participar. No hay memoria, quienes incumplen cambian de ropa, de razón social y de domicilio para contratar y de nuevo acceden a esos presupuestos públicos que se han acostumbrado a desangrar.

Veinte años después de anunciado e iniciado el proyecto, que se prometió para conectar por vía férrea al municipio de La Tebaida con Buenaventura y transportar carga y pasajeros, se declara el incumplimiento contrato. Así no tiene cuando una región y un país ser competitivo. A lo largo y ancho del territorio nacional hay moles de cemento que se convirtieron en monumentos a la mediocridad y la corrupción. El suelo nacional, además de todo lo bueno que tiene, también es rico en hierro y concreto fundido y enterrado de millonarias obras contratadas pero no realizadas. 

Qué desgaste tan inoficioso y qué luchas tan estériles se dan en Colombia. Primero la puja entre departamentos y el ruego de los gobernadores y alcaldes al gobierno central para la aprobación de un proyecto, luego la prendedera de velas a presidentes y ministros para que las obras se adjudiquen y avancen, después, cuando estas se paralizan, tiene que venir otra gesta para lograr que se declaren incumplimientos y, para finalizar, acceder a las indemnizaciones a que haya lugar sugiere otra pelea jurídica de varios años. La sola batalla legal para la declaratoria de incumplimiento del proyecto del tren demoró tres años.

El 14 de julio de 2015, Juan Manuel Santos Calderón, presidente de la época, vino, montó en tren, hubo show para la primera piedra del tramo Zarzal – La Tebaida, le pusieron comitivas de colegios para agradecerle, los titulares de prensa anunciaron una obra para el progreso de la región, aseguró el mandatario que se habilitarían 343 kilómetros de este corredor férreo. Todo fue una quimera.

Mientras en diferentes partes del mundo, el transporte férreo se fortalece y se impulsa con grandes beneficios en materia de movilidad de carga, de pasajeros y como atractivo turístico, acá, el tren se aleja.

 

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