Editorial / MAY 25 2020

El vaso medio lleno

Con tanta congestión y turbiedad informativa en el ambiente, los hechos positivos son oxígeno y deben valorarse. Ignorarlos, menospreciarlos o contaminarlos para justificar una crítica es mezquino.

De nuevo la Universidad del Quindío, como lo ha hecho en los últimos años, es portadora de buenas noticias para el departamento y la región. La posibilidad de tener en este centro de educación superior un segundo laboratorio para análisis de muestras de pacientes sospechosos de estar contagiados con la COVID-19 es una gran ayuda de cara a lo que supone la atención de la pandemia en lo sucesivo. 

Aunque algunas personas expresaron su inconformidad, tras escuchar que los análisis se podrán empezar a hacer en unos tres meses, es preciso tener en cuenta que, según las voces autorizadas en la materia, con este nuevo coronavirus habrá que convivir de aquí en adelante y por eso la importancia de la buena nueva para el departamento.

Repotenciar el laboratorio uniquindiano de biomédicas, para procesar muestras para COVID-19, es la ratificación de que en la universidad local se están haciendo bien las cosas y por eso el personal científico que allí labora merece todo el respeto y admiración. Quienes insisten en ver el vaso medio vacío, le han quitado méritos a esta trascendental noticia y, de forma ilógica y fuera de lugar, anteponen para justificar su malestar ante este logro, una evaluación de la gestión del actual rector.

La confirmación de una partida por $4.520 millones, gestionada por Minciencias para fortalecer los laboratorios departamental y de la UQ, y poder estudiar allí no solo coronavirus, sino otras patologías como dengue, malaria y chikunguña, además de otras posibles novedades epidemiológicas, confirma la importancia de contar con una universidad acreditada en alta calidad, logro cristalizado bajo la actual administración de la alma mater.

No solo la acreditación de alta calidad institucional, sino la acreditación de la mayoría de sus programas académicos, un moderno, incluyente y acogedor campus, estabilidad laborar para la planta docente y administrativa son, entre otras varias razones, argumentos para ver el vaso medio lleno en el caso concreto del principal centro de educación pública del departamento. 

La educación no presencial con asistencia tecnológica, provocada por la pandemia, supuso otro reto que hasta ahora la Uniquindío ha sabido afrontar. En pocos días, un grupo de 60 docentes apadrinó y capacitó a los profesores que no tenían la costumbre ni la habilidad óptima para la virtualidad y pudo esta universidad darle continuidad al 100 % de los pregrados, posgrados y programas de educación no formal. Según fuentes oficiales, casi el 95 % de la población estudiantil pudo continuar con el semestre, dispusieron además planes de datos y llevaron equipos a las viviendas de los matriculados que no contaban con las herramientas necesarias para recibir clases virtuales. 

Claro, hay cosas por mejorar, habrá reparos en materia administrativa, de costos, en extensión, docencia e investigación, es lo normal. Pero, nada de lo que hay por construir o corregir debería borrar lo bueno, que es mucho, a la hora de la crítica y los balances. A la par de resultados positivos y noticias alentadoras es más fácil construir. Resultados gratificantes para todos ha dado la Uniquindío y por eso sería bueno empezar a ver el vaso medio lleno y guardar el pesimismo ilustrado para mejores tiempos.

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