Domingo, 15 Dic,2019
Opinión / OCT 22 2018

¿Empresarios o negociantes?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Las cosas obvias son las más difíciles de decir: hablemos del apoyo que se requiere de los empresarios, de los comerciantes, de los pocos industriales regionales, para aprovechar la coyuntura en que nos encontramos cuando la política hizo crisis y, por fin, la justicia pilló a los falsos personeros ciudadanos haciendo lo de siempre: apropiándose de los recursos públicos.

Uno de las muchas dificultades a la hora de reunir esfuerzos para construir, entre muchos, una propuesta alternativa política urgente que sustituya el festín de la politiquería, además del sectarismo rampante de los llamados a reemplazarlo, es la debilidad económica que impide financiar una campaña decente que sensibilice electores sobre las bondades de la independencia, financiación que no tiene porqué equiparse con las millonadas que destinan los empresarios tradicionales de la política.

Hay múltiples razones que complotan para que esos apoyos pecuniarios irriguen las arcas de los movimientos que buscan arrebatar la agenda colectiva de las manos del gamonalismo político:

En primer lugar están los empresarios que le apuestan a las fuerzas tradicionales del clientelismo, mejor, los negociantes, comprometidos con las mafias políticas que acuerdan previamente réditos traducidos en contratos, cargos públicos y canonjías en general, son los consentidos del poder, pequeños círculos cerrados que todo lo pueden en la administración pública.

Después tenemos a los que no participan, por su avaricia, porque les duele meterse la mano al bolsillo, porque creen que, después de su ganancias, los asuntos públicos los tienen sin cuidado, a ellos los ciudadanos solo les interesan para lucrarse, los tacaños de siempre convencidos que el camino para que una sociedad llegue al cielo está empedrado de buenos negocios particulares.

Y tercero, los más tristes, los empresarios que no entienden, que no comprenden la importancia del momento, ni el valor de su apoyo, los que ignoran que la sociedad es un cuerpo armónico, los que, provistos de la parte del león, no saben que también son víctimas, y entonces parte de la solución, esos son los ignorantes que no valoran la oportunidad del momento ni la importancia ecuménica de la liberación del yugo político que padecemos; los que tiene reservado para los demás solo los actos de caridad espectacular, los regalitos de miseria, los aguinaldos, los mercaditos que ayudan a engañar las afugias del hambre, los que, por falta de perspectiva, hasta regalan, eso sí en público, el pez, pero se niegan a enseñar a pescar, los que se cocinan en la propia miseria de sus semejantes, empresarios tan pobres que lo único que tiene es plata. 

¿Dónde están los empresarios en esta coyuntura de profunda crisis política?

 También ellos hacen parte de la semilla ciudadana donde duerme el árbol gigantesco de la esperanza.

 

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