Domingo, 15 Dic,2019
Opinión / ABR 03 2019

En Armenia reina la anarquía

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La política regional se mantiene desasida de las realidades del Quindío y los políticos resolvieron convertirse desde hace mucho tiempo en victimarios de una sociedad que se volvió víctima de toda clase de acechanzas.

El espionaje, la persecución cautelosa es permanente, la presencia de panfletarios en el ambiente callejero de la ciudad capital y el departamento, se mantiene entre los corrillos desocupados, sin más trabajo que el del acecho. Los lenguaraces aceitan esa cosa alargada que está ubicada en la cavidad bucal de todos los vertebrados para jugar con la dignidad y el capital moral de los mejores ciudadanos, y alabar a victimarios agentes de la corrupción y de todos los vicios.

La anarquía hace que cada día sea mayor la abolición de la autoridad y Armenia especialmente soporta amilanada la situación, y ya aturdida la mente colectiva, se debate entre la preocupación que produce el desorden urbano, el aumento del peligro por el tránsito de motociclistas y ciclistas, de conductores que estacionamos vehículos en cualquier lugar, sofocando a barrios enteros del norte que ya no le pertenecen a la gente que los habita, sino a los inescrupulosos inspiradores del ‘me importa un culo’, dicho vulgar y común que se escucha de cuadra en cuadra.

En parques como el de Laureles, Fundadores, Aborígenes, el Cafetero, el Uribe, El Bosque, en barrios céntricos como Santafé, Guayaquil, y en otros mucho más populares del suroccidente, permanecen los vendedores de estupefacientes. Los surten, motociclistas, hombres y mujeres permeados por la corrupción del narcotráfico que llegan a esos sitios sin que encuentren la más mínima barrera.

Aquí no basta el trabajo de la Policía. Los buenos policías no dan abasto y los jueces tampoco, poniendo en libertad a un alto porcentaje de delincuentes comunes que tienen invadida la ciudad. Estos temas pasan por encima de las estadísticas económicos, las que analizan los resultados en la industria del turismo, aquellos que miran con preocupación la suerte de los productores agrícolas, especialmente los cafeteros que ahora son los que más jodidos están. 

En la medida en que avanza el tiempo los problemas del micro tráfico se diluyen como el agua en las manos de quienes no hace mucho tenían en sus preocupaciones, el flagelo criminal que cada día golpea más duro a la sociedad quindiana. La gente se va acostumbrando.

Lo peor de todo es que la indigencia y la desvergüenza social crecen a mayor ritmo que el de Armenia en frentes de desarrollo. La pobreza está en aumento ante la presencia de miles de venezolanos jóvenes que en los puntos semafóricos del sistema vial de la ciudad, tienden su mano esperando solidaridad y un pedazo de pan para calmar el hambre que padecen hombres, mujeres y niños del país vecino azotado por el dictador Maduro. Manos a la obra. La mayoría de los problemas que acechan, nos compromete a todos.


Twitter: @jorgelieceroroz 

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