Opinión / MAR 31 2020

En nuestras manos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El gobierno de Colombia viene tomando medidas de aislamiento de la población para evitar el excesivo crecimiento de la curva de la pandemia; ha querido evitar, a toda costa, que suframos la misma suerte de Italia y España, países amigos que asumieron con cierta frescura los efectos del virus; o del señor Bolsonaro de Brasil, que la redujo a una simple gripa, para no mencionar otras naciones como Estados Unidos, más preocupadas por la suerte de la economía doméstica.

El presidente Macron de Francia se puso al mando de la situación como un frente de guerra, con algún retraso, porque los connacionales no le prestaron, al principio, la debida atención.

Y es que estamos viviendo una de las épocas más graves de la humanidad, superior sin duda a la propia Segunda Guerra Mundial, cuando un poderoso virus, surgido en China, viene moviendo los cimientos de todo el universo, con miles de muertos y sigue la cuenta, y muchísimos contagiados a lo largo y ancho de todos los continentes.

Por eso, amables lectores debemos asumir en serio las medidas tomadas por las autoridades, quedarse en casa, lavarse con frecuencia las manos y no contribuir a esa especie de desobediencia civil de estar en la calle, o de salir  a charlar, o de armar parrandas, porque los decretos son claros y también las medidas coercitivas de multas y eventualmente cárcel.

Los cuidados extremos que ha solicitado la OMS y las autoridades de salud pública no son un juego y a eso debe agregarse una buena dieta alimenticia, que evita el licor y el cigarrillo, los excesos de la ingesta de aquellos elementos que colaboran con el deterioro de la salud.

Como se viene diciendo por parte de valiosos teóricos, cuando salgamos de esta pandemia, algún día, lo que hemos conocido como civilización, vida de relación y sociedad, será  algo muy distinto a lo que hemos vivido hasta ahora; no me atrevo a pensar qué podría ser; o si  el cambalache seguiría  igual. Somos testigos de un momento crucial de la historia. ¡Amárrense el cinturón!

***

Exterminio.

La historia de la masacre de la Unión Patriótica se viene repitiendo en forma dramática, con el asesinato de antiguos militantes de las Farc, o de dirigentes sociales y comunitarios, en un hecho que el país no puede dejar pasar, desde el propio gobierno y las fuerzas militares; los demócratas debemos advertir a los ciudadanos y la comunidad de esta situación, cada vez más grave, que contradice los postulados del acuerdo de paz, y pone en peligro su futuro. Ojalá no ocurra, y superemos este derramamiento de sangre. Es lo mínimo.


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