Martes, 18 Jun,2019
Opinión / ABR 29 2019

Enseñanzas de la Semana Mayor

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El Jueves y Viernes Santos pasados, asistí en compañía de mi esposa a la ceremonia de la última cena y el sermón de las 7 palabras en la iglesia catedral de Armenia y quiero destacar en esta corta columna las buenas homilías del señor obispo Carlos Arturo Quintero Gómez, el párroco Gabriel Antonio Arias y el sacerdote Ovidio Sierra quienes con frases muy expresivas se refirieron a las problemáticas que rondan por el Quindío y por el país, los niños, la juventud, la familia y los adultos mayores. El suicidio de jóvenes y la drogadicción está llegando a niveles preocupantes, la soledad, la falta de oportunidades, el abandono de los padres hacia sus hijos y de muchos de estos que no quieren a sus progenitores, no hay obediencia ni respeto por ellos. Pidieron ayuda para los ciudadanos venezolanos radicados en la ciudad, obligados por la difícil situación que reina en el vecino país.

La polarización en que se encuentra Colombia, atizada día a día por comentarios y peleas entre hermanos, donde no se respeta la opinión del vecino, se acabó el diálogo cordial entre las personas.

La corrupción que campea en todos los sectores, el robo de los dineros públicos cada día con mayor astucia y codicia, con perjuicio de los planes de vivienda, las carreteras, la alimentación escolar, la salud, la educación, etc., prácticas corruptas que llegaron hasta las altas cortes en el llamado cartel de la toga.

La envidia y el odio entre políticos, dirigentes, comunidades y vecinos, que se despiertan por razones nimias, de poder y de clase. La primera definida como el deseo de hacer o tener lo que otra persona posee; el odio es el sentimiento de repulsa hacia alguien deseándole un daño o una desgracia.

La venganza —el desquite contra una persona o grupo en respuesta a una mala acción percibida— está ocasionando gran cantidad de muertes entre jóvenes y adultos, parejas matrimoniales, familias, socios, negociantes y aún entre políticos y funcionarios públicos.

El padre Ovidio Sierra mediante disquisiciones filosóficas nos enseña y convence que hay un Dios, un ser superior, y que el respeto entre los hombres nos conduce a la paz. La felicidad no la da el dinero, el poder, los viajes, las propiedades; la felicidad la produce las paz interior de cada ser humano, las actitudes positivas, el comportamiento y la relación con los demás.

Las homilías se escucharon a lo largo y ancho del país donde los distintos obispos tocaron temas similares llamando a la paz y reconciliación entre los colombianos. Parece que algunos no las escucharon o no tienen la intención de ponerlas en práctica. La semana anterior vimos en la TV un debate insulso, sin sentido, vulgar y grosero entre los senadores Petro y Uribe donde se escucharon algunos epítetos de paramilitar, narcotraficante y sicario moral que nos hizo sentir pena ajena, un mal ejemplo para los ciudadanos y futuras generaciones, que conduce a ampliar el odio y la polarización. Si estos son los dirigentes que tenemos en Colombia, apaguemos y vámonos.

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