Jueves, 12 Dic,2019
Opinión / NOV 16 2019

Escritos del aire

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Aquí, conmigo, el distante ladrido de los perros, la vecina presencia del color blanco de las hortensias, y la música del canto de aves que no veo, pero están en alguna rama del árbol. 

Puedo tender un puente entre lo lejano y lo contiguo y darle otro sentido a la belleza en mi percepción. O puedo dejar cada una en su lugar y sin embargo lo sagrado del momento es un hecho  sensible y estéticamente translúcido  dentro de mí.

Qué desesperada desesperanza, qué desencanto tan desencantado, qué melancolía de desamparos, qué desamparos tan desprotegidos y melancólicos los tuyos, los nuestros, el mío y el tuyo tan doloridamente dolorosos, qué impotencias tan impotentes. Qué búsquedas inútiles del poema que lo remedie todo, la canción que lo resuelva todo, del rincón y la caricia que lo solucionen todo.

Y se me fue la vida entre este signo que abre: ¿. Y este que cierra: ? Se me fue la vida, pero tuve tiempo para intercalar entre ambos, estos dos: ¡! 

Años atrás, la lucha interior era conmigo mismo para encontrar la iluminación. En este momento de mi vida, es la lucha con los demás para encontrarme conmigo mismo.

Se me ocurren estos kōanes modernos: ¿Qué le respondes a un algoritmo? ¿Por qué un algoritmo sabe más de ti, que tú mismo? ¿A qué partes tuyas no llega un algoritmo? ¿Cómo define Dios a un algoritmo? ¿Cómo define un algoritmo a Dios? 

“Señor, soy el padre de la joven a quien usted acaba de ofrecerle 100.000 pesos para hacer el amor”. “Disculpe, amigo, creo que la confundí. Como puede ver, en este lugar hay variedad de mujeres”. “No, señor, no le hago el reclamo.  Solo deseo aclararle que la cifra me parece correcta, pero ochenta para mí y veinte para ella”. Un padre moderno, comprensivo, tolerante.

De los poetas, bien o mal escondido, me oculto en sus poemas. Desde ahí los soporto como personas. De los Homo emojis a quienes no les importa la palabra, que no viven ni sienten la poesía en la belleza del mundo convocándolos desde cuanto los rodea, como no tengo dónde encubrirme, mi salvación es mantenerlos a prudente distancia. Y para esto, nada mejor que mis mayores cómplices: watsap y las redes sociales. Estos engendros tecnológicos de la incomunicación con los cuales uno puede creerse a sí mismo, y hacerle creer a todos, que son amigos y entretenerlos lejos, muy lejos, haciéndoles reenvíos de cuantas tonterías nos remiten otros, quienes posiblemente proceden igual con uno.

Alguien siembra el dolor en los seres humanos y huye cuando ve las primeras lágrimas en sus ojos. No espera nuca la cosecha porque no resistiría la amargura de sus frutos.


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