Opinión / ABR 01 2020

Estamos en duelo

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Con la crisis actual, las personas en el mundo han experimentado cambios que afectan su estabilidad emocional, hemos entrado en un proceso cambiante que requiere mucha acomodación y donde se presentan dificultades significativas de adaptación.

La vida nos cambió, tal vez se murió el mundo que ya conocíamos y avanzamos hacia un planeta completamente diferente que requiere que nuestra mente evolucione. Los cambios no son negativos, pero siempre nos generan temor y resistencia, no queremos cambiar y menos cuando estamos en esa zona de confort que nos ayudaba a mantener cierto equilibrio en las emociones.

El proceso que estamos viviendo es muy similar a los procesos de duelo, inicialmente se dio el cambio que genera un impacto repentino y súbito, como vimos fue un tema de unos pocos días para que la cotidianidad cambiara, luego se da una negación inicial donde las personas siguen saliendo a la calle sin importar qué les ocurra, porque tienen una idea significativa de negación, creen que no está pasando nada, que no les pasará a ellos o que no es algo importante que los pueda afectar. 

Después de lo anterior viene el proceso de aceptación y con este empezamos a entender que algo ocurrió y que es real, nos damos a la tarea de comprenderlo y no nos queda de otra que aceptarlo e introyectarlo, algunos se quedan en ese proceso y se dan algunos signos de culpa y resentimiento, se culpan por lo que hicieron mal o se resienten por lo que no lograron hacer. Otros en cambio aceptamos más fácil y agarramos la vida para tener un proceso de reinvención que genera una evolución rápida.

Ese proceso que sigue después se llama acomodación, cuando tenemos la posibilidad de comprender que se dio un cambio y que lo que quedó atrás nos puede hacer falta, pero no nos tiene que generar dolor y mucho menos depresión. En este proceso de acomodación tenemos la posibilidad de plantear unas nuevas estrategias de vida, hacer los cambios para tener estos nuevos hábitos, aterrizamos nuestras expectativas a otros proyectos productivos, emocionales y de familia, planteamos nuevas metas y volvemos a soñar.

Muchos sicólogos plantean que los procesos de duelo y aceptación de la nueva realidad duran de 2 a 6 meses, cuando esto no pasa en estas etapas podemos ver procesos más patológicos que se complican con otros síntomas de ansiedad y depresión.

La idea es que como sociedad podamos comprender que debemos evolucionar y avanzar en nuestro propio proceso de duelo, es una nueva realidad que ya hemos tenido un tiempo para asimilarla y aceptarla, vamos a acomodarnos para volver a soñar y proyectarnos en esta nueva vida, que a su vez trae una cantidad de posibilidades positivas si abrimos nuestra mente y cambiamos esos hábitos de vida.

 


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