Miércoles, 13 Nov,2019
Opinión / OCT 17 2019

Explorar, inspirar y transformar

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La película La sonrisa de Mona Lisa, bajo la dirección del productor británico Mike Newell, se estrenó en 2003.  En la trama Katherine Watson, protagonizada por Julia Roberts, es una profesora de historia del arte recién graduada en la Universidad de Berkeley, quien comienza a impartir clases en Wellesley, un prestigioso centro de señoritas situado en Nueva Inglaterra reconocido por su conservadurismo y disciplina, en 1953. 

Estados Unidos acababa de salir de la guerra de Corea. Eran tiempos de posguerra donde una profesora soltera de 35 años, algo fuera de lo común en esa época, aspiraba a  enseñar a un grupo de estudiantes provenientes de familias acaudaladas. El deseo de la maestra, era que sus alumnas aprovecharan la posibilidad de no ajustarse a lo que los demás esperaban de ellas sino a ser ellas mismas.

Como profesora de historia del arte, Katherine se vería enfrentada a las excesivas cargas y obligaciones que la sociedad americana llegó a imponer a las mujeres. El éxodo masculino provocado por la Segunda Guerra Mundial, había ofrecido  a la mujer la oportunidad de incursionar en el mundo laboral. Pero terminado el conflicto bélico, la presión social hizo que de nuevo se relegará el género femenino al rol acostumbrado en el hogar como ama de casa dedicada a al servicio de su marido; poco importaba si estudiaba o se realizaba como profesional, al final su destino siempre era el mismo: el hogar.

A ese mundo se enfrentaría la nueva maestra, con la ilusión de provocar importantes transformaciones en sus alumnas. Katherine no logra cambiar el mundo de la vieja escuela conservadora pero tampoco sufrirá una derrota total. Su contribución logrará inspirar cambios en la vida de algunas de sus alumnas, algo que ya es un triunfo.  Esta maestra, como lo han hecho tantas mujeres que han cambiado el curso de la historia, realiza una pequeña hazaña que si bien no desmantela el poderoso y anticuado andamiaje de Wellesley, abre una puerta al grupo de alumnas que se cruzan con ella para encontrar un mundo que muchas desconocían.

A través de su clase alienta a sus estudiantes a pensar por sí mismas. Es una maestra activa, entusiasta,  comprometida, una mujer auténtica que lucha por proclamar sus ideales de una forma distinta pero respetuosa. Lo que hace de ella alguien especial, es que tiene metas de vida diferentes a las personas  que la rodean.

Al final no solo logra acercar a sus alumnas al arte contemporáneo, también rompe con viejos esquemas académicos de evaluación artística. Esta cinta es una invitación para los docentes de estos tiempos. La educación del siglo XXI exige maestros que exploren junto a sus alumnos; que inspiren a través del pensamiento, la lectura crítica y la convivencia. Solo así será posible alcanzar aquellas transformaciones que harán posible un mundo diferente.

*Exasesor Oficina del Alto Comisionado para la Paz.


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