Opinión / JUL 05 2020

Filosofía policial

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La Policía Nacional de todos los colombianos, con 128 años de experiencia en la lucha contra la diversa fenomenología del delito, las diferentes manifestaciones de violencia arraigada en los últimos años y por la promoción de iniciativas para combatir el crimen organizado transnacional y regional, se ha convertido en un referente en la región e incluso alrededor del mundo. Lo que ha fortalecido su doctrina institucional, su misionalidad y su naturaleza civil establecida en la carta magna, logrando un posicionamiento del concepto de policía como ciencia y profesión, a través de un servicio que satisface los requerimientos de la comunidad al respecto de la garantía de los derechos y libertades; la convivencia y seguridad ciudadana. 
 

El cumplimiento de la misión asignada a la Policía Nacional de Colombia, se da como una función de naturaleza social y exige necesariamente ofrecer un servicio alineado a las estrategias y las políticas institucionales, definidas con un enfoque que orienta la gestión y se estructura con una filosofía colectiva dentro del ámbito organizacional. Fundamentada en valores humanos, su componente principal, desde donde las acciones deben sustentarse en la toma de decisiones estructuradas en la investigación —base del espíritu científico— y en la defensa de la integridad intelectual del pensamiento y las condiciones que rigen la profesión de policía. 

De esta manera, la filosofía policial orienta el comportamiento profesional de los integrantes de la institución, para servir a todos los ciudadanos sin discriminación alguna, contribuyendo al desarrollo integral de la comunidad, pues de ella nace y a ella se debe. Al igual, la gestión policial es considerada como el instrumento que busca los fines superiores de justicia y paz, fortaleciendo la confianza entre los miembros de la sociedad con el fin de contribuir a la cohesión general. Con un servicio que promueve la humanización de los colectivos, reconociendo su condición de seres sociables, orientándonos por la distinción de Kant, la ética policial considera que el individuo y la sociedad nunca deben ser comprendidas como ‘medio’ sino siempre como ‘fin’.

En conclusión, la filosofía, la ética y la deontología policial son el baluarte que rige todas las acciones de la institución. La función policial es un servicio de carácter público que tiene como finalidad la exclusión de la violencia en las relaciones humanas, exigiendo a sus integrantes una gestión con altos estándares de calidad, transparencia y oportunidad, actuando con el respeto de los derechos humanos y atendiendo los principios del Estado social de derecho. La filosofía aplicada a los lineamientos institucionales otorga sentido a la profesión policial, liberándola y protegiéndola de aquellas influencias y externalidades que quieren desconocer uno de los valores principales del ser: la dignidad humana.

 


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