Opinión / AGO 10 2020

Florero y…emoción

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Pareciera que la celebración del 7 de agosto con la acción que cerró la independencia de América se hubiese convertido mas en la antesala de un 20 de julio. Una determinación de la Corte Suprema de Justicia como organismo que aplica las leyes ha generado una mayor reacción que la pandemia misma que vivimos. A tal punto que se olvidó la cuarentena y las calles recibieron un número de vehículos inusual desde hace tres meses.

Se desató en redes sociales una irracional lectura de una decisión judicial que apenas si manifiesta que una persona debe comparecer al proceso y se le da la detención domiciliaria —tan criticada últimamente por ser fuente de impunidad—,  que no determina la condena para el detenido, y queda garantizado el principio de inocencia y el debido proceso. Se nos olvida que todos somos iguales ante la ley, y que tenemos derecho a la defensa, y mas en el caso de un hombre que le ha servido al país.

Pero fuera de las reacciones emotivas, otros aprovechando tal desazón, tristeza o alegría de algunos colombianos por ese acto, pretenden atacar la administración de justicia y justificar una Constituyente para cambiar sus procedimientos y actores. Otros, más sesudos, desde ya saben que el paso de una constituyente judicial a una total, es solo un soplo, tal como empezamos hablando de una reforma constitucional en la década de los noventa y terminamos con una constituyente.

Y que decir de los reformistas de la actual carta que han querido suprimir derechos de los ciudadanos y para ejemplo las embestidas contra la tutela, o las más de una veintena de reformas. Pero para no hilar tan delgado, parece que desconocen la actualidad de la pandemia, lo que esta ha mostrado en cuanto al nivel de pobreza, y ella generada por la falta de empleo, la crisis que quedará, y las amarguras de muchos si no actuamos juntos para la reactivación económica y en la salud mental y física de nuestra Colombia.

Felices los de los extremos que ambos han solicitado una constituyente, cada uno con sus propios intereses y encontrados. En medio de esta crisis serán los de abajo y la clase media que somos la mayoría el objeto de campaña, en un país que apenas si pasa un plebiscito que dejó hondas heridas y diferencias. Con un acuerdo de paz que aún no restaña las cicatrices del enfrentamiento, donde la conclusión sin ser politólogo es enfrentar entre hermanos a medio país contra otro.

Es necesario deponer las emociones y los intereses de las extremas para reconstruir la nación, no es momento de enfrentamientos, la recuperación de la economía y el mejoramiento de la calidad de vida de nuestros ciudadanos debe ser la meta de todos, y si de reformar la justicia se trata, esta se puede hacer por la vía ordinaria con publicidad y transparencia ante el país.

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