Miércoles, 19 Jun,2019
Editorial / MAY 17 2019

¿Fortaleza o amenaza?

Al turista que tiene entre sus planes visitar al Quindío hay que motivarle y enseñarle a planear mejor su paseo.

¿Fortaleza o amenaza?

Para la mayoría de municipios quindianos el turismo fue la solución a la profunda crisis económica que sobrevino cuando el café dejó de ser el principal motor, generador de empleo y sustento del desarrollo local. La oportunidad de competir como receptor de visitantes se convirtió rápidamente en una fortaleza, nos supimos ganar el título de destino turístico y hasta fue motivo de orgullo ser durante un tiempo, después de Cartagena, la segunda opción de descanso y aventura para los colombianos.

La falta de control y desorganización, junto con la ilegalidad, convirtió el rentable y necesario renglón del turismo en un generador de nuevos problemas para este territorio. Algunas de las malas consecuencias han sido mitigadas, otras se están cocinando en una olla a presión y varias de ellas le tomaron ventaja a la soluciones y ya parecen inalcanzables.

Salento menos que Filandia, por ahora, está sufriendo los rigores de un turismo depredador, ese al que ya muchos países y ciudades le han cerrado la entrada porque contamina, corrompe, destruye, alimenta prácticas deleznables y pone a circular dinero untado de desgracia. La complicidad de algunos alcaldes ha permitido que los beneficios por ser atractivo turístico se concentren y enriquezcan a unos pocos y arruine el espacio público, prostituya el patrimonio arquitectónico, cultural e inmaterial, y ponga en duda la calidad de recursos tan vitales como el agua y el aire.

Montenegro tiene la joya de la corona: un parque de talla internacional y el mayor número de alojamientos, fincas y hoteles campestres. Triste sí, que el saludo a los turistas corra por cuenta de un minúsculo grupo de jóvenes montados en bicicleta, víctimas la mayoría de problemas mayores como la violencia intrafamiliar, la drogadicción y la falta de oportunidades. Son alrededor de 30 muchachos que han ido alcanzando la mayoría de edad pedaleando, mal vestidos, algunos hasta con una botella de solución en la mano, los que ofrecen sus servicios como ‘informadores turísticos’. Su portafolio incluye el contacto con alojamientos o fincas de todos los precios y características, restaurantes, cualquier droga, armas y prostitutas.

El asunto con los jóvenes informadores en bicicleta de Montenegro no es menor. Están ‘organizados’, es casi que imposible que abandonen esta práctica, quién o cómo se les va a hacer renunciar a un oficio que les deja entre doscientos y cuatrocientos mil pesos por jornada y fines de semana con dos millones de pesos en los bolsillos. Ellos son apenas una de las tres partes que se beneficia económicamente; la otra parte son los empresarios del sector, que prefieren pagarles comisión por acercarles turistas e invertir menos en un plan de mercadeo y publicidad. La organización la completan algunos miembros que representan la autoridad, hay fuertes versiones, por supuesto no públicas, que señalan a uniformados y empleados públicos como legitimadores de esta actividad.

Al turista que tiene entre sus planes visitar al Quindío hay que motivarle y enseñarle a planear mejor su paseo, que antes de salir tenga ya claro en dónde se va a alojar, cuánto le vale su estadía, cuáles son las rutas, qué va a visitar y por cuánto tiempo, toda la información está disponible en internet; al empresario de turismo hay que seducirlo y arroparlo, desde la institucionalidad, con opciones efectivas para estimular su actividad comercial; y a la autoridad hay que mantenerle fresco en la mente el daño que están ayudando a mantener por su nociva complicidad.

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