Opinión / JUN 02 2020

Frivolidad ante el coronavirus

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es evidente que, en un Estado de derecho como el nuestro, son las normas las que nos garantizan derechos, y también nos imponen deberes como mecanismos eficaces para consolidar el progreso, desarrollo económico y social. 

Hoy, con la presencia de la COVID-19 es más urgente que nunca el respeto por los derechos humanos, que se debe reflejar a través del comportamiento responsable de los ciudadanos, acatando las medidas establecidas por el gobierno nacional y las autoridades competentes. 

Justamente, esta es una de las mayores dificultades que afrontan los colombianos durante este aislamiento obligatorio preventivo, la responsabilidad social individual y colectiva, tan necesaria para evitar la propagación del coronavirus; lo que significa quedarse en casa sin objeción alguna, sin detenerse a pensar en la pérdida de las más elementales libertades personales, debido a las numerosas restricciones, que con el paso de los días se han convertido en oprobiosas, estresantes y perturbadoras, tanto para los exitosos empresarios, como para los asalariados, los empleados quienes ven con angustia cómo sus jefes han otorgado vacaciones que ya llegaron a su fin, sin posibilidades de reintegro cercano; otros fueron licenciados y las oportunidades de un empleo son muy remotas; pero además un segmento poblacional excluido que lamentablemente no aplica a los beneficios del Estado como los serenateros, los mariachis, los empleados de bares, discotecas, tabernas, billares, cafeterías, entre otros. 

Y como si no fuera suficiente con toda esta vorágine social, están los frívolos, aquellos que miran con desdén el contagio y les importa cero su propia vida y menos la de los demás, salen a las calles sin las más básicas medidas de protección; en el Quindío se han intervenido por lo menos 3 rumbas en zonas rurales de Montenegro y Circasia, en una de ellas se identificó a un portador de coronavirus y aun así participó en una fiesta de 15 años con 32 personas más; es el desprecio total por la vida. 

Lo contradictorio en medio de este caos general, es que, el presidente Iván Duque dispuso millonarios recursos para contener la pandemia, pero los focalizó en mercados, que si bien son necesarios, relegó la compra de respiradores y camas para la atención urgente de contagiados con COVID-19, por lo que las muertes se podrían incrementar dramáticamente en los próximos días ante la poca disponibilidad logística. El tema no es sencillo, la lucha es de vida o muerte en la contención del coronavirus, por lo que la mitigación de su impacto es prioridad en este momento, sin embargo, se observa improvisación en algunas medidas adoptadas por el gobierno nacional y refrendadas por alcaldías y gobernaciones, con cero estudios técnicos y sin los debates pertinentes. La capacidad de Duque para manejar la pandemia está en duda por muchas razones y su habilidad para recuperar la economía y salvarla del colapso financiero, es una incertidumbre estresante para todos los colombianos. Si bien el aislamiento es difícil para todos, evadir la cuarentena es una grave irresponsabilidad.

 

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