Jueves, 21 Nov,2019
Opinión / OCT 20 2019

Fundamentos de la tolerancia II

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La palabra tolerancia causa malentendidos difíciles de aceptar, más cuando las diversas formas de gobernar hacen parte de pasiones, intereses y acciones con el fin de conservar el poder político. El Estado se pensó para mantener el derecho a existir y a obrar sin daño y sin supresión de la libertad. El verdadero fin del Estado es la libertad, diría Spinoza.

La tolerancia no es indiferencia a que se piense o actúe como se quiera, pues cada uno es libre para pensar lo que quiera, sin aceptar que alguien, en su dogmatismo, se encierre en una subjetividad infranqueable. Indiferencia convertida en no pensar ni cuestionar lo que dicen y hacen. La tolerancia no es divagar sin directiva ni propósito alguno creando ilusión de libertad, o un dejar hacer que delega en otro la responsabilidad del manejo social y del pensamiento. Si fuese así se toleraría el error, eludiendo la obligación de objetar y pensar con criterio crítico. La tolerancia no es relatividad de la verdad, donde todo vale, porque no se cree en ella, o porque se hace creer que es inaccesible y no puede conocerse. No es un moralismo disfrazado de escepticismo que domina conciencias y aplasta al que no acepta sus dogmas. La tolerancia no es un dogmatismo de individuos con psicologías destructivas que menoscaban lo auténtico del ser humano.

La tolerancia se ubica en contextos de pensamiento social y político en cuanto hay que pensarla en una perspectiva que equilibre las relaciones sociales y los fundamentos del Estado aplicados a los derechos del hombre. De ahí que poder pensar y emplear la liberatad de expresión son derechos sin límite exigibles a cualquier institución social y política. En este sentido al Estado le corresponde permitir expresiones de solidaridad y tolerancia, cumpliendo así sus deberes morales fundamentales. 

En el individuo el entendimiento y la voluntad forman una unidad, éstas no son entidades autónomas, de lo contrario se da la contradicción entre lo que se piensa, se dice y se hace. El individuo íntegro es el que comprende, quiere, actúa con coherencia. Pero la separación de poderes en la organización del Estado es fundamento del entender y actuar del individuo. El conocimiento real del acontecer político, la salud emocional, el pensamiento crítico y el desarrollo de la tolerancia dependen, entonces, de un Estado liberal y democrático. La conciencia individual debe ser educada para reconocer el mejor criterio de utilidad económica y social, descubre las razones que hacen indispensable reformular y conceptualizar la tolerancia en sus dimensiones políticas, ideológicas y filosóficas inseparables. 

 


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