Jueves, 14 Nov,2019
Opinión / OCT 21 2019

Gonzalo García Rivera

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A Gonzalo García lo conozco hace mucho tiempo, cuando digo mucho tiempo hablo de 30 años o más, casi siempre moviéndose en su escenario preferido: Calarcá. Lo conozco  como un hombre juicioso que ha venido labrándose, por el camino recto, un buen nombre al lado de Luz Mary y Daniela, su familia próxima.

Lo conozco como un hombre de la vida pública,   siempre  involucrado en los procesos políticos de Calarcá, donde ha adquirido esa perspectiva singular que solo dan los años y  las múltiples responsabilidades, que le permiten hoy distinguir con claridad entre las ideas fecundas a la hora de pensar en grande para su pueblo de los parroquialismos circunstanciales que hoy campean en el escenario político.

Con Gonzalo hemos participado de un proyecto político originado en un sueño colectivo: generar un cambio real y efectivo en la vida política y social de Calarcá. En desarrollo de ese propósito asumió responsabilidades en la vida administrativa y académica  de la región que le permitieron adquirir la experiencia suficiente que lo hacen hoy competente para avanzar en la conquista de ese sueño de una Calarcá mejor: gerente de la Lotería del Quindío, de Idequi, de Empresas Públicas de Armenia, profesor universitario durante muchos años en la Esap, Universidad del Quindío y La Gran Colombia, y a pesar de sus cargos relevantes en el departamento nunca se ha ido de Calarcá.

La vida de Gonzalo García ha sido un proceso en construcción y sus triunfos el producto de esfuerzos escalando peldaño a peldaño con persistencia, mostrando que en política como en  la vida lo esencial se elabora paso a paso, no con los proyectos apresurados y etéreos de los salvadores de última hora que pretenden, sin argumentos, descalificar  a todo lo que no se le parezca. 

Tiene además una ventaja incomparable, en su profusa carrera política, Gonzalo se ha equivocado, y eso es una ventaja que le da riqueza incomparable para quien ha tenido la oportunidad de dirigir, de liderar, los fracasos dan sabiduría, refinan la percepción, fortalecen la inteligencia. Gonzalo no es el mesías con fórmulas mágicas para resolver todos  los problemas, es el profesional con los pies en la tierra que llega en momentos de incertidumbre  como este, que conoce por la economía, que los recursos son escasos y que hay que saberlos administrar y eso es lo que pretende, organizar la casa y  enderezar entuertos, para, entonces sí, proyectar la Calarcá del futuro. Lo otro son los populismos de siempre, luces de bengala, fuegos artificiales que hoy son y mañana solo parecen, de los que quieren volver a inventar el mundo.

 Gonzalo es el hombre preciso para el momento que vive Calarcá.

 


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