Opinión / MAY 24 2020

Heisenberg, incertidumbre y coronavirus

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Con el concepto de incertidumbre comprendemos que la gran mayoría de las acciones diarias de la vida no son previsibles. Heisenberg, físico teórico alemán, con su principio de incertidumbre de la teoría de la mecánica cuántica, nos ayuda a entender mejor las ciencias sociales y también nuestra compleja realidad. Así, el principio de incertidumbre de Heisenberg explica cómo muchas de las situaciones que nos rodean no son pronosticables, escapando de nuestro control o, mejor aún, nosotros las alteramos con las obras realizadas. El ser humano con sus actuaciones es protagonista de su entorno y es el responsable de promover múltiples opciones.

Las futuras generaciones cuando describan este año del siglo XXI, expondrán que la globalización se extendió a tal punto que empezó a quebrar los esquemas que esta misma construyó. El coronavirus, que inició en China en 2019, se ha convertido en una pandemia en la aldea global que tiene a millones de personas confinadas en sus propias casas y en jaque a la economía mundial. En un estado de incertidumbre no sabemos que consecuencias traerá consigo el futuro, se debe actuar con firmeza y ser muy prácticos, sin llegar a ser facilistas. Se necesita probar múltiples respuestas y si no funcionan, hay que intentar otras alternativas, en ningún momento se puede desfallecer y quedarse impávido. 

A la humanidad desde su evolución la ha rondado la incertidumbre, el solo hecho de existir siempre trae circunstancias nuevas y positivas, y en esta pandemia, aunque ahora no se vea, también lo hará, se presentará un antes y un después en la vida de todos. A nivel estructural seremos diferentes como ciudadanos, trabajadores y consumidores, las personas y las comunidades que sepan anticiparse a esos cambios saldrán victoriosas. Nunca se debe desaprovechar una crisis, debemos reflexionar acerca de la manera de entender la incertidumbre, no como un obstáculo en la existencia, sino más bien como una fuente real de grandes potencialidades, que le permitan a la sociedad reconstruirse y reinventarse de modo constante.

Sin pensarlo, el mundo se detuvo por la incertidumbre vivida, desde los conflictos internos, viajes o acontecimientos culturales y deportivos, hasta los más privados como los matrimonios y los negocios personales. La vida pública y privada se ha paralizado o, al menos, se ralentizó para todos. Es la oportunidad para replantear una nueva visión de vida, con un sinfín de oportunidades para ser mejores personas y liberarnos de lo que no somos y ser más auténticos. Ahora, la globalización debe ser colaborativa y solidaria, para superar las graves consecuencias económicas, humanas y geopolíticas que dejará a su paso la pandemia. Preguntémonos, ¿la humanidad aprovechará esta situación para realizar un gran cambio ético y moral? La resiliencia debe ser la herramienta que nos evite del desastre global.

 


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