Opinión / JUN 01 2020

Instrucciones para un seductor

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Un chiste viejo de la Nena Jiménez, decía “¿Cuándo me lo vas a dar? Cuando aprendas a pedírmelo”. El arte de pedirlo es el arte de seducir, un buen seductor, no tiene necesidad de pedirlo. Usted puede pedírselo a quien quiera, pero si no sabe hacerlo, va a morir virgen, onanista o habitante de prostíbulo.

Más allá de pedirlo, si usted quiere disfrutar de los placeres plenamente, tiene que romper con los tabúes, derrumbar barreras y vencer el miedo. El poeta Silvio Rodríguez canta: “amores cobardes no llegan a amores”. Los romanos sí entendían de eso, y en los baños públicos rezaba la inscripción “El supremo placer es oh mortales, morir de amor en brazos de la orgía” sería muy bueno releer El Satiricón, de Petronio. Si usted no sabe pedirlo, será un eterno onanista, más que aprender a pedirlo, aprenda a seducir.

El seductor debe saber, que la piel no entiende de culturas, ni gustos, que ésta es el órgano sexual más grande del cuerpo humano. Los gustos y los disgustos, son productos culturales, que crean barreras e impiden el libre desarrollo de la sexualidad. El deseo entra por los sentidos, a pesar de la creencia de que la mujer de hoy no es romántica, sucede todo lo contrario. A las mujeres de hoy, también, les gustan las flores y las canciones hermosas. Con la canción de Roberto Carlos A la antigua, más de un galán antiguo, y seductor moderno, ha llevado a los placeres de su piel, a más de una dama. Ahí van implicados 3 sentidos, el olor de las flores, la belleza de la rosa, y la emoción del sonido. “Te volvía loca el olor de las flores”, canta Nicola di Bari en Los días del arco iris. 

El lenguaje, es tan seductor, como el olfato y la vista. Es muy diferente decirle a la pretendida, “entre sábanas blancas hacerte volar y suavemente, deseo correr por tu cuerpo como agua caliente”, habría que preguntarle a Fausto cuantas mujeres sedujo con esta canción. Es muy diferente decirle a la pretendida, perrea mi amor perrea, o esta noche te voy a dar serrucho, eso le bastará para un polvo efímero y triste, a que, con paciencia y finura, derribe usted la voluntad de la pretendida, y logre un disfrute total y duradero, hasta cuando la rutina, les mate la pasión. 

Si usted logra el objeto del deseo, pasa a la etapa definitiva, darle la talla a su pareja. Si la deja viendo un chispero, caliente y alborotada, perdió todo lo ganado en la etapa de seducción. Y si quiere un disfrute total, sepa que las mujeres son como las guitarras, solo le entregan sus secretos a quien las sabe tocar.

Usted debe entender que haga lo que haga con su pareja, solo está bien hecho, si es con consentimiento mutuo. Y si lo hace con la mujer amada, el acto se multiplica al infinito.

Recuerde que el cuerpo de la mujer, siempre es territorio virgen. 


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