Martes, 22 Oct,2019
Opinión / JUN 16 2019

Inteligencia, una cualidad de todos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hay algunos temas sobre los que creo que es la primera vez que escribo y una vez comienzo a buscar información para documentar el artículo, me doy cuenta que ya lo he hecho anteriormente, en el mejor de los casos desde diferentes perspectivas, pero en otros y por esto pido disculpas a los lectores, diciendo lo mismo. 

Esto generalmente ocurre, no por falta de tópicos sobre los cuales conversar, porque afortunadamente en esto del comportamiento humano hay “mucha tela que cortar”, sino por lo interesantes que resultan.  Uno de estos es esa fascinante dimensión que nos apasiona a tantos: la inteligencia y que hoy no solo aplica a los seres vivos si no que se promueve como una cualidad que acompaña varios objetos y servicios como los teléfonos, la banca o los edificios inteligentes.

Qué es la inteligencia y qué tan importante es, son preguntas de grueso calibre nada fáciles de responder. En el intento por definirla se han arriesgado nuevas comprensiones  de esta maravillosa condición, que para bien de todos  ha ido ampliando su definición a lo largo de la historia, pasando de referirse a capacidades centradas en el pensamiento lógico y abstracto, la habilidad para resolver problemas matemáticos o usar con destreza la memoria a categorías más amplias que tienen que ver más con  esa característica deseable que nos permite cambiar y transformar la realidad para tener mejor calidad de vida .

Igualmente, ha pasado de concebirse como  una condición genética con la que se nace, lo cual la hacía  algo privativo de ciertas personas, a la idea más incluyente de que todos podemos desarrollarla con buenas experiencias, entornos que estimulan el aprendizaje y la decisión personal de  regular, controlar  y modificar nuestras emociones. Es un hecho demostrado que es posible ir adquiriendo distintos tipos de inteligencia que nos serán útiles en determinados momentos y nos permitirán desplegar a plenitud ciertos talentos y potencialidades a través del esfuerzo, el  trabajo, la voluntad y las buenas guías.

La idea es que la inteligencia nos sirva además de un buen rendimiento intelectual, para relacionarnos  mejor  con el mundo, esto incluye optimizar  las relaciones con otros, aprender de la experiencia, servir a los demás de manera oportuna y eficiente, reconocer y manifestar los sentimientos, aprender a auto motivarse para alcanzar metas y a  afrontar la vida con confianza y optimismo.

Ser inteligente tiene mucho que ver con vivir de manera gratificante el día a día para transformar las situaciones que provocan tensión, estrés e insatisfacción y resolver de manera positiva y funcional las dificultades que se presentan en la convivencia. Encontrar nuevos lenguajes y para entrar en un contacto más íntimo y constructivo con la pareja, la familia, los amigos y en últimas para ser más felices.

Ahora que miramos con asombro, pero también con un poco de temor los avances tecnológicos de la  inteligencia artificial, el desafío que tenemos es que la inteligencia “natural” que todos poseemos  en diferentes grados y modalidades, nos permita ser buenas personas, comprendernos a nosotros  mismos y entender un poco más a los otros. Si la acompañamos de amor ,compasión y ternura aún mejor.

 


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