Domingo, 20 Oct,2019
Opinión / SEP 16 2019

Invalidar la violencia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Somos un país violento. Es una realidad que sociológica y culturalmente está presente en la historia y que ha signado las dinámicas de guerra, exclusión y muerte.

Más allá de la discusión sobre la situación con la guerrilla, de los comentarios frente al proceso de paz y sus acuerdos, de la argumentación en torno a la conveniencia o inconveniencia de la JEP y de todo lo que rodea la compleja construcción de una paz nacional sostenible; es importante que aprendamos a reconocernos en las características que poseemos como Nación, pues la gente, es decir, cada uno de nosotros, somos quienes generamos las acciones y omisiones que van tejiendo los acontecimientos.

Hemos validado la violencia como manera de expresión, consideramos 'normal' dirigirnos a otros mediante tonos de voz fuertes, con ánimo exaltado y verdaderos arsenales en cada palabra. Creemos procedente que cuando una persona hace algo que nos molesta, podamos tratarla como nos parezca, pisotear su dignidad y atropellarla.

La situación es tan dramática, que quien ejerce la agresión e irrespeto no es visto como equivocado y requerido de cambio. Lo es la persona que 'se experimenta vulnerada'. Se le juzga como: 'sensible', 'falta de tenacidad' y 'vulnerable'.

Hemos permitido que se subvierta el orden de las cosas, vamos dejando que, en hogares, ambientes laborales y toda clase de contextos sociales, se valide la violencia: en la palabra, en el lenguaje corporal, en las conversaciones que terminan con el portazo de una puerta en la cara del interlocutor… Hemos hecho de la grosería, brusquedad, falta de decoro y mal humor, un sinónimo de 'carácter fuerte' e incluso un referente de valentía.

¡Estamos locos!... Y en el otro lado de la relación, quien conserva la calma, evita la palabra soez y cuida la cortesía; es visto como pusilánime… ¡Como si la sociedad, las instituciones y las familias, fueran una jungla poblada de bestias! Como si fuera positivo que el más violento marcara territorio con un grito o un gesto atarbán y con esto conquistara un lugar de primacía.

¡Es estupidez colectiva validar la violencia! En lugar de justificarla, explicarla y padecerla; tendríamos que proscribirla, prohibirla, extraditarla de las relaciones de todo orden, construir medios de diálogo y argumentación, donde la serenidad se convierta en condición y la cortesía, en imperativo.

Así como en algún momento de ceguera compartida fuimos validando la violencia como medio de expresión, hoy nos corresponde tacharla, rechazarla, reprocharla; para que esos seres humanos que van por la vida llenos de rencor, enojo, frustración e impotencia, dejen de estallar en gritos y aprendan a respirar profundo, poner la fuerza en la contundencia de los argumentos y no en el volumen de su voz y procesar de mejor forma sus emociones. Que dejen de abrogarse el derecho de literalmente 'pasar por encima de los demás' y comprendan que todos somos valiosos, dignos, respetables y que la ley del más fuerte, jamás nos permitirá convivir en fraternidad, inclusión, justicia y armonía. 


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