Jueves, 21 Nov,2019
Opinión / OCT 16 2019

La cita del 27

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El incendio político que compromete a tres países hermanos, suscita reflexiones: no obstante es prioridad la referencia a los comicios del 27 de octubre. Pocos departamentos han padecido los efectos de acendrados vicios politiqueros como nuestro Quindío. No solo por culpa directa de sus actores protagónicos, presas de un sistema electoral incitador hacia la corrupción, sino de la masa de votantes, que muy poco acierto ha mostrado al escoger gobiernos locales, asambleas y concejos. Nos dolemos de fallidas, delincuenciales, administraciones; pero olvidamos que somos corresponsables por acción u omisión, del desastre. La siniestra herencia de matronas y patriarcas políticos ‘fundadores’ de la quindianidad, parece no admitir positiva mutación; seguimos bajo férulas aberrantes de la mente colectiva local: pese a oscuras andanzas, por muchos conocidas, los eligen, ellos pagan el favor con parrandas, tamales, tejas, planes de vivienda, contratos de tres meses, les compran cualquier cosa, hacen su rosca entre todos...; y para el siguiente cuatrienio tendrán listos otros candidatos...  Hace cuatro años elegimos de entre dos males, el menor. Veloz llegó el desengaño; tras la apariencia bonachona, el perfil apolítico, religioso, el discurso alternativo de campaña; más y más de lo mismo en el ejercicio del poder. Compromisos preadquiridos, soberbia de político emergente, codicia propia y del círculo de poder, frustraron de nuevo la aspiración de tener una administración departamental digna, comprometida con legítimas expectativas populares. Al día de hoy, muy poco para mostrar como logros; bastantes sí, fracasos. A la capital le fue peor. Los delictuosos preacuerdos financieros con la casa Valencia, le valieron al elegido, cárcel y prolongada condena, abriendo de paso un boquete administrativo insubsanable. Otro capítulo de la debacle ética del Quindío.

¿Y en la villa de los poetas? Tras la negra noche del pastor López Murillo, morosamente destituido y felizmente expatriado, cuatro caóticos años de similar oscuridad a manos de igual número de alcaldes entre encargados y en propiedad, periodo de fotomultas, de cuestionadas empresas y transacciones; luego, la sonriente pero precaria gestión de la actual titular, teledirigida desde la Cámara de Representantes y la sede familiar de la ‘exbaronesa’ del Quindío —procesada en la actualidad por la justicia—, se viven días de incertidumbre. Pese al desbordado, al multimillonario derroche publicitario, a las denuncias de presiones hacia empleados, contratistas y beneficiarios de la administración para asegurar el triunfo del candidato de la trinca ya citada, la autoridad electoral y los órganos de control permanecen impasibles, cohonestando un proceder indebido, no por usual en la comarca, menos ilegal.

Intentemos no errar esta vez; Calarcá puede dar un oportuno golpe de timón en contra de equívocas pretensiones, eligiendo una opción seria, un alcalde de formación académica sólida, con experiencia administrativa en entidades estatales, impecables antecedentes y  creativa propuesta de gobierno. Los calarqueños pensantes, a quienes nos importa la ciudad y su futuro, votaremos por Gonzalo García.


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