Opinión / AGO 06 2020

La cueva civilizada de los humanes

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Cuando fue anunciado el encierro preventivo por la aparición de un virus mortal, muchos ciudadanos se volcaron sobre los supermercados acaparando cantidades de productos de higiene personal y para el hogar, sobre saliendo el papel higiénico, como si no bastara con una cantidad razonable. Igualmente, sucedió en el primer día sin Iva, la mayoría de los ávidos consumidores accedieron a los electrodomésticos, fundamentalmente televisores de pantalla gigante, aunque ya poseían aparatos análogos. 

¿Cómo explicar estas dos actitudes aparentemente absurdas conociendo que estas mercancías no están contempladas en la canasta familiar como solución del problema vital de supervivencia?

En las respuestas de quienes hicieron fila para adquirir dichos productos consideraron, que sin estos es imposible vivir civilizadamente. ¿Qué tal una necesidad y sin papel a la mano? O ¿Qué tal un encierro y sin un buen televisor?

Pero, ¿por qué los productos de higiene y los electrodomésticos son más importantes que la alimentación, la salud, la educación, la justicia, etc.?

La razón es sencilla y a la vez terrible, a través de los medios masivos de propaganda y del entretenimiento usando a los deportistas profesionales, cantantes de moda, actores de farándula han logrado que  una abundante masa de compradores se convenza de que la naturaleza y el cuerpo son imperfectos, degradantes. Por ello, a la naturaleza, hay que expulsarla barriéndola, limpiándola, desinfectándola; y al cuerpo,  afeitar sus impurezas, perfumar sus olores naturales y  ocultar su piel animal tatuándolo.

Este ser lampitatuado habita preferiblemente urbes totalmente pavimentadas donde no se produce lo esencial para la vida, sino mercaderías para el control y el esparcimiento. La superpoblación exponencial producto del hacinamiento debido al desplazamiento forzado desde el campo, el crecimiento natal descontrolado y la emigración de los pobres de otros países, las fue volviendo peligrosas, sucias, contaminadas, congestionadas, 

Así, la industria del entretenimiento emprendió otra asepsia a través de las pantallas perfeccionando fotográficamente las imágenes trasmitidas en videos y películas llevándole a los usuarios: naturaleza, realidades e imágenes humanas idílicas, limpias de imperfecciones, iluminadas con vivos colores logrando que pasivos espectadores desde sus cuevas de encierro las prefieran  a las reales.

Además las órdenes gubernamentales recomiendan confinamiento riguroso, desinfección de los cuerpos y distanciamiento para evitar el contagio; y para la soledad, programas gratis de diversión.

Corona: La pandemia, desnuda la finalidad última a que están condenando a los consumidores de las ciudades.


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