Opinión / JUN 04 2020

La docta ignorancia

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El filósofo de la ciencia Karl Popper confirma que los investigadores del saber  buscan la verdad pero no la poseen. En su libro: En busca de un mundo mejor, en el capítulo: Sobre el conocimiento y la ignorancia, hace un homenaje a Sócrates, quien pregona que, solo sabía que no sabía todo: lo que faltaba: el desconocimiento de sí mismo, un principio vital para investigar. De poca valía resultaba intentar conocer la naturaleza sin preguntarse cómo es que los humanos conocen.

Hubo que esperar más de 20 siglos para que el filósofo Immanuel Kant, de la mano del empirista David Hume, llegara a la conclusión en su Crítica de la razón pura, a que el intelecto humano no deduce las leyes, de la misma naturaleza,  sino que las supone. Los científicos intuyen, conjeturan, a través de sistemas teóricos las regularidades que presumiblemente rigen la physis.

Dichas conjeturas no son totalmente arbitrarias, sino empáticas con aproximaciones a este gigantesco misterio, el universo viviente; como diría Carl Sagan: De vez en cuando la ciencia le arrebata una verdad al cosmos guardándola como un tesoro. Una de esas: El sol es una estrella, lo que permite inferir que hay infinidad de sistemas solares. Se debería pues, estar preparado para el eventual contacto con vida inteligente extraterrestre.

Pero, el futuro de los humanos no está determinado únicamente por las fuerzas de la naturaleza, también es intervenido por la mano de los hombres, que tensan el devenir. Siendo así, lo que está al frente no es el futuro incierto, más bien el pasado, cifrado en los descubrimientos y en las modificaciones tecnológicas humanas. 

Es sobre estas evidencias que se planificaría el encuentro con el porvenir que no para de llegar; como recoger la experiencia del pasado para enfrentar las pandemias que hoy vuelven a asolar el planeta. Se sabe las varias causas del surgimiento de estas: la intervención irresponsable sobre los recursos naturales, una errónea alimentación, una medicina paliativa, y su mayor amenaza, el contagio a través del hacinamiento social; por lo tanto, se deberían trazar estrategias para proteger los recursos naturales, una sana alimentación e impulsar una medicina preventiva, y sobre todo, deconstruir los colmenares humanos devolviéndolos a espacios abiertos.

Sin embargo, los gobiernos venden la ilusión de una milagrosa vacuna, que inmunizaría a los ciudadanos por un corto tiempo mientras aparece un nuevo virus más agresivo.


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