Lunes, 16 Dic,2019
Opinión / NOV 14 2019

La llamada de la muerte

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El filósofo griego Heráclito dijo algo que todos en el fondo sabemos: el fin de cada ser es la muerte. Por ello él, como la tradición de pensadores y artistas,  privilegió cuidar y amar la vida porque ésta es una y muy corta.

 

Sin embargo, estamos asistiendo a un hecho inédito, pareciera que el tiempo se hubiese acelerado vertiginosamente, cada periodo anual transcurre de prisa; pero no se debe a un fenómeno físico, ya que la Tierra sigue su traslación solar en 365 días como es la medida astrofísica del año.

Es un artilugio que el hombre actual percibe en las urbes proveniente de las multinacionales de la industria que se han apropiado del tiempo de los individuos comprimiéndolo a través de obligaciones del consumo: Las celebraciones durante el año, casi todas de origen religioso, fueron encapsuladas en paquetes publicitarios con el fin de aumentar sus dividendos. 

La conquista trajo a América la celebración del día de María, madre virgen, el nacimiento de su hijo Jesús, incluido el día de Reyes. Luego se agregaron la Nochebuena y la Noche vieja, que cubría todo diciembre y la primera semana del año. Ahora estas fechas se apretujan con la expresión genérica: ¡Llegó la Navidad!; y poco a poco se ha ido adelantando hasta octubre extendiéndose a gran parte de enero, dejando a las personas en modo navidad por casi cuatro meses.

Después, vinieron liturgias como la pasión de Jesús, también permeada hasta convertirla en una semana de vacaciones moviendo la industria de alto turismo, haciendo que muchas familias se endeuden, y así, el resto de su tiempo quede empeñado en cubrir el crédito que le permitirá salir en la próxima Semana Santa.

A lo anterior se añadieron celebraciones laicas o foráneas: el San Valentín o día del Amor y la Amistad, expresado con obsequios y extendido a todo el mes de septiembre; la noche de Halloween o noche de las rujitas, cuyos disfraces pasaron de ser creaciones individuales para adquirirse en centros comerciales  de marcas.

La prolongación de las celebraciones inducidas hacia el consumo por la publicidad nos hace percibir un aceleramiento del tiempo, que en realidad es un acortamiento de la vida, porque dejamos de hacer actividades autónomas que nos harían sentir que vivimos y nos realizamos. Pero, de manera absurda, estamos llamando aceleradamente la muerte.

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