Opinión / AGO 14 2020

La nueva realidad universitaria 2

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Como lo planteé, la educación superior debe salir definitivamente de su torre de marfil; encontrarse con las necesidades del hoy y del tiempo después de la pandemia.

Así, será necesario asegurar ofertas formativas que se encaminen hacia circunstancias novedosas como los reconocimientos de saberes y el aprendizaje permanente, ambos en concordancia con la vida cotidiana, el desarrollo personal, la disminución del contacto social y las expectativas del mercado laboral.

Por eso, la universidad entrará en la era del ‘aprendizaje útil’.  Basará su oferta en cursos que garanticen a los usuarios los conocimientos indispensables para afrontar nuevos desafíos y, ante todo, de corta duración. Sin perder su riguridad académica en torno a los objetivos de aprendizaje, deberá ser abierta a los nuevos paradigmas, propositiva frente a los mercados cambiantes, fomentadora de las habilidades individuales.

La educación continua o aprendizaje permanente, se ajustará a los requerimientos particulares del estudiante, estará en los nuevos escenarios del conocimiento, alejado de las barreas disciplinares, pero con la rigurosidad de ellas; así mismo, la universidad deberá flexibilizar sus normas y permitir que este tipo de educación pueda homologarse en los programas formales.

Ahora bien, como se trata de una nueva normalidad, en la cual las ofertas y demandas han desarrollado singulares características, los cursos de aprendizaje permanente, a través de los cuales se intensifican o actualizan experticias o formaciones previas, entrarán necesariamente en las dinámicas tecnológicas. Se ofrecerán basados en estructuras que permitan el motivado placer de aprender, la autonomía, la generación de redes y la posibilidad de acreditarlos digitalmente.

Para ello deberemos aprovechar diversas y realizables formaciones en línea, pensadas siempre a la medida del estudiante. Entre otras, los actuales Mooc o cursos abiertos a gran escala, los Nooc, Nano o experiencias de aprendizaje que abordan pequeñas dosis de un tema específico; los Spooc, pensados para el ritmo de trabajo de cada estudiante; las webinar, conferencias de corta duración muy populares en esta época de confinamiento; los podcast, que permiten emitir contenidos en archivos de audio; las charlas Ted, mediante las cuales se abordan heterogéneos temas de entretenimiento, diseño o tecnología.

Además, esos cursos serán reconocidos institucionalmente a través de las insignias o credenciales digitales, que no son más que concederles el título o diploma a las destrezas, conocimientos, logros y competencias obtenidos por los usuarios del aprendizaje permanente, para que cada uno las comparta en sus redes sociales y dinamicen su mercado laboral.

Sin ir más lejos, el cambio turbulento del mundo disrumpe todas las estructuras sociales. Por ello, la nueva realidad universitaria coexistirá con las tecnologías exponenciales y habilitará en la población sus mayores potencialidades, mediante la actualización continua. Los cambios no terminan aquí.

 


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