Opinión / JUL 23 2009

La toma de La Bastilla

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Omito hacer comentarios sobre las actuaciones coyunturales presentadas en la ceremonia de celebración de los 220 años transcurridos después de la Revolución Francesa. Guardo silencio sobre lo orquestado por Sarkozí y sus palabras en contra de los inmigrantes a quienes culpó de los desmandes e incendios de automóviles ocurridos en Francia días antes. Ya no hago más comentarios al respecto, aunque como “sudaca” me sienta aludida y ofendida. Guardo dentro de mi todo lo que el primer impulso casi me obligó a enunciar, porque es más conveniente y oportuno recordar el significado de la conmemoración del 14 de julio.

Es que a partir de ese día de 1789, y desde que el rey preguntó por los avances del “motín” y recibió como respuesta: no señor, no es un motín. Es una revolución, desde ese momento no sólo para Francia sino también, para los que eran en ese entonces territorios de la Corona Española en América, la Historia cambió radicalmente.

Es verdad, antes del 14 de julio de 1789 en las 13 colonias que España tenía en América ya la semilla de la rebeldía había dado sus primeros frutos y originado cambios y convulsiones, pero la Revolución Francesa aportó definitivamente otra forma de entender el mundo político, de comprender y respetar la condición humana y estableció otros fundamentos sobre los que florecieron las transformaciones sociales e hizo soplar vientos emancipadores que trajeron credibilidad y poder a palabras como pueblo, república, sufragio, igualdad, ciudadanía y constitución y esos vocablos fueron más que palabras: tuvieron connotaciones de derechos y saltaron más allá de las fronteras de Francia y llegaron más acá del mar.

Por lo anterior, los que poseemos algún grado de democracia, de libertad, somos herederos de aquel fausto acontecimiento.
Aún para los que se saben esclavizados, la opción de poderse rebelar puede ser su símbolo de esperanza.

Es verdad, como no puedo vivir sin insignias, celebro con días de retraso otro año de la toma de La Bastilla.

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