Opinión / MAY 24 2020

La Vida se hace historia

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Celebra hoy la Iglesia la solemnidad de la Ascensión: Jesús sube a los cielos y entrega a los discípulos un tesoro, su mandato misionero: “Id por todo el mundo a predicar el evangelio” —Mc 16, 15—. Este día memorable ha sido instituido por el papa San Pablo VI, en 1967, como Jornada mundial de las comunicaciones sociales. 

Este año celebramos la jornada número 54, que tiene como punto de referencia el libro del Éxodo en el capítulo 10, versículo 2: “Para que puedas contar y grabar en la memoria”. El papa Francisco nos recuerda: “La vida se hace historia”, un mensaje dedicado a la narración, invitando a respirar la verdad de las buenas historias: “Historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos”.

Esta reflexión se ajusta precisamente a estos tiempos difíciles que estamos viviendo; ¡cuántas historias estamos tejiendo en este confinamiento!, cuántas narraciones y relatos familiares, personales, comunitarios podríamos contar, aunque en medio de incertidumbres y frustraciones, de confusiones y temores; también en medio de tejidos de esperanza, de clamores y de batallas que exigen nuestra fe y compromiso. En esta construcción, la comunicación puede ser vital o por el contrario, si se tergiversa, podría terminar fracturando nuestras relaciones.

Así, el papa nos recuerda que “a menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia”. Una llamada a la sensatez de los medios de comunicación y el uso de las redes sociales que fácilmente caen en sensacionalismos, exhibicionismos y la desfachatez de la ironía, las noticias manipuladas o la respuesta a curiosidades personales, sin pensar en el bien común y por ende, en la irresponsabilidad social y ética. En justicia, tenemos que decir que no son todos los medios, ni todos los periodistas; gracias a Dios hay muchos a quienes les duele la verdad y están comprometidos con ella. Algunos, en cambio lesionan la dignidad humana y destruyen su fisonomía ética y auténtica vocación de servidores de la verdad, con sus actitudes y amor por el morbo. El papa nos alerta sobre este peligro: “Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de su dignidad”.

 


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