Sabado, 07 Dic,2019
Opinión / NOV 13 2019

Las crónicas de Natalia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

No tengo aún el gusto de conocerla; cuento apenas con la imagen inserta en este diario, sección blogueros, y con la vaga referencia de alguien, activo en el mundillo de las letras comarcales. 

A mi indagación, tras la lectura de sus Crónicas clandestinas, vía W.A., respondió, “estudiante de comunicación social en Uniquindío, cronista”. Bueno, asiduos colegas del lenguaje escrito, comprenderán el entusiasmo que suscitan páginas en las cuales algo alumbra, algo llama, ¡talento y oficio brillan!; con mayor razón si el hallazgo yace en las páginas del diario local, su autora es una joven estudiante de rasgos gráciles —me encantó reencontrar el término cuando describe una de sus malcasadas—, y, además, habita en predios quindianos. Desde luego, esa primera lectura motivó la búsqueda de las demás, disponibles en el archivo del periódico, y en la red. Una a una, con atención, asombro, y contento crecientes, sus crónicas-narraciones fueron leídas y releídas, gustadas y regustadas. No me perdono la morosidad del descubrimiento; creo haber hecho hace meses, en el mismo medio impreso, sin reparar en su autora, una rápida lectura del tema oficios femeninos extintos; el reenmallado de medias veladas quedó en algún rincón neuronal, aunque me parece, el original era un texto más extenso, orientado a la práctica reporteril. 

El hecho cierto, la hermosa realidad a la vista, al espíritu, de quien escarbe en la edición digital de LA CRÓNICA y disponga de apta sensibilidad, es un trabajo literario, ligado, no podría ser de otra manera, a la profesión de quien lo realiza, y al enfoque reivindicador de la mujer en la sociedad contemporánea. Resalto por ahora la calidad de la confección, atractivo primordial y sostenido del discurso escrito de Natalia. La forma, el apropiado uso del lenguaje en lo gramatical, ortográfico, sintáctico, es el atributo de ingreso de un escrito a selectivos acervos de lecturas. Una redacción descuidada, en cambio, delatora de precaria formación intelectual y lectoescritural —obvio, no es este caso—, es mal presagio pronto confirmado, de fondos flojos, cenagosos. Anécdota: hace tiempo coincidimos, Senegal y yo, con un prestigioso académico, conocido de ambos. El poeta interrogó. ¿Mucha lectura, P?, ¿qué lee por estos días, ciencia, literatura? Desdeñoso, el soberbio profesor, espetó: ¿literatura?, no pierdo el tiempo en eso. De pronto los clásicos, algo de Proust, Shakespeare, Montaigne… Filosofía, amigos, ¡epistemología! Estoy produciendo pensamiento; en próximos días editaré una serie de ensayos que absolverán su inquietud. Años después tuve en mis manos la publicación; en su carátula brillaban el nombre del fugaz contertulio, y de sus esperadas pero poco inspiradas construcciones conceptuales. Cumplida con dificultad la lectura, concluí: ¡Qué falta le ha hecho al profe la literatura!

Natalia Barriga Gómez, gracias. Tus crónicas alientan, prometen, abren expectativas, te implican con la sociedad y con tu época. Continúa, rauda, audaz, el arduo camino hacia la excelencia. 


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