Opinión / MAY 25 2020

Las nuevas maneras

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

2 términos han cobrado vigencia en los últimos días: ‘nueva normalidad’ y ‘aislamiento social inteligente’. El primero hace referencia a situaciones con las que hemos de aprender a convivir: hábitos que deberemos desarrollar y funcionamiento distinto de los ambientes laborales e institucionales y las dinámicas sociales. El segundo tiene que ver con la consolidación de una cultura del autocuidado, la responsabilidad y la conciencia; que permita entender la dimensión de la amenaza biológica que enfrentamos y active en cada ser humano, conductas de apego a los protocolos de bioseguridad.

Hemos tenido que crear nuevas maneras para vivir y convivir, para producir e interactuar, algunas son:

1. Crear nuevos medios para satisfacer necesidades sociales. Las empresas han debido reinventarse, algunas para direccionar sus medios productivos a la generación de otros bienes distintos a los habituales —es el caso de las licoreras, hoy produciendo desinfectantes—, unas más para adaptar lo que ofrecen a los servicios a domicilio, otras, haciendo uso de los medios virtuales —para muchas inexplorados hasta ahora—, para darse a conocer, recibir pedidos y pagos, etc. 

2. Desarrollar habilidades para convivir en extrema cercanía. Muchas personas han manifestado que la permanencia de tiempo completo con sus familiares ha representado una oportunidad para conocerse mejor, para otros ha sido más que una tortura… Estar juntos se ha convertido en un reto que ha exigido: comprensión, reconocimiento, gratitud y amor en cantidades exorbitantes.

3. Aprender la paciencia. Enseñados a ir donde nos place y hacer lo que elegimos, hemos debido restringir la libertad de movilización y modificar hábitos sociales de una manera nunca vista. Ello nos ha retado en uno de los valores más complejos de cultivar: la paciencia. Saber esperar, comprender que ante aquello que no podemos controlar, no queda más que adaptarnos y confiar en que quienes toman las decisiones, lo hagan bien. 

4. Estar unidos, sin tocarnos. Aplazar las manifestaciones de afecto ha sido una lección dolorosa, más para una idiosincrasia como la nuestra, tan proclive a estas cosas. Expresar cariño con una mirada o un gesto, crear espacios virtuales para el encuentro, aprender a conjugar las alegrías en una reunión no presencial, disfrutar de una serenata o un poema a través de la pantalla, nos ha exigido duplicar el esfuerzo para hacer que nuestro amor pueda llegar a donde queremos.

5. Apreciar la vida, la salud, el aire y la presencia de alguien más. Cosas que eran cotidianas se volvieron excepcionales. Quienes han padecido la enfermedad o la han tenido cerca, han tomado una nueva dimensión de lo que representa estar sano. Viendo a quienes han muerto tratando de hacer algo, tan simple y fantástico como respirar; han aprendido a agradecer por ese don y han asimilado que existir es un regalo, efímero y fabuloso. 


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