Opinión / JUL 07 2020

Lástima por Santoya

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Sin saber cómo y cuándo se reiniciará el torneo de ascenso en Colombia, el Deportes Quindío, actual líder, anunció el pasado viernes que no contará más con Junior Rangel, Jonathan Figueira, John Jairo Montaño y Danny Santoya.

Las tres primeras bajas son apenas entendibles, ya que poco o nada le aportaron al equipo cuyabro. Lo de Montaño es un fiasco monumental, jugador que siempre ha sido un dolor de cabeza para el Quindío: sufrimos sus anotaciones con otros equipos y ahora que lo tuvimos de nuestro lado sufrimos por su bajo rendimiento, ni fu ni fa. 

Pero la salida de Danny Santoya sí es una sorpresa. Claro, muchos podrán reírse ya que, obviamente, no estamos hablando ni de Maradona ni de Pelé, pero en el presente del Quindío, donde el talento y la magia parecen odiarnos, el cartagenero sumaba. 

Hace poco, el periodista Jorge Torres Bedoya, estadígrafo del Quindío, publicó la tabla histórica de goleadores del onceno cuyabro. Y adivinen, Santoya es el séptimo con 50 anotaciones en 172 partidos. Esos numeritos toman mayor relevancia cuando vemos que Roberto Urruti, uno de los pesos pesados de la historia milagrosa, lidera la prestigiosa tabla con 94 dianas, pero en 323 juegos.

Ah, que eran otros tiempos, que a Urruti le tocó más duro, que yo no sé qué… Los números son los números y ahí están.

Debo confesar que, como persona, Santoya nunca fue de mi total agrado. No me gustan las personas que miran con altivez, que caminan como si fueran dioses, que se ríen socarronamente cuando otros lloran, que no caben en la ropa. Para muchos, posiblemente, esas sean las características de un grande.

Pero eso es muy diferente a decir que es un ‘tronco’, como algunos opinaron cuando se publicó la noticia de su partida. Pocos jugadores han pasado por Armenia, en la era Hernando Ángel, con su capacidad de desmarque y ubicación. 

Ilusos aquellos que decían que Santoya era un suertudo porque todas las opciones claras le quedaban a él, que los balones le caían del cielo. A ese delantero, al mismo que le faltan diversas cosas como interés y sangre de gladiador, le sobra inteligencia para moverse en el campo.

No estoy hablando de un Rubén Darío Hernández o de un Daniel Tílger, pero reitero que en el desierto, hasta un chamizo da sombra. Toca hacer fuerza para que el Indio Hernández recupere su memoria goleadora y que Díber Cambindo, el que a veces sí y a veces no, logre consolidarse con su potencia y talento.

La salida de Santoya fue compensada con la llegada de Jáider Riquett, quien regresa tras varios años. Riquett, sin duda, nos dará mucha seguridad atrás, al lado de Jesús Figueroa. Con este o con ese, con fulano o sutano, debemos ascender.

 

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