Miércoles, 13 Nov,2019
Editorial / OCT 19 2019

Lo que faltaba

Este asesinato lo único que hace es agravar la situación de incertidumbre frente a tantas problemáticas y deja asomar de nuevo las sombras intolerantes del sicariato como siniestra forma de silenciar las discrepancias y vocerías contrastantes propias de la democracia.

Lo que faltaba

En el ombligo del huracán electoral y como si fuera de poca monta todo lo que está ocurriendo en el departamento del Quindío, en la noche del jueves fue asesinado cerca al puente El Danubio, en la vereda Quebradanegra, jurisdicción de Calarcá, el líder indígena Constantino Ramírez Bedoya, cuando se dirigía a su vivienda en el asentamiento indígena de Quebradanegra, habilitado hace un par de años para la comunidad Embera Chamí del Quindío.

Ramírez Bedoya era reconocido por ser uno de los precursores del resguardo indígena Dachi Agore Drua, ubicado entre las veredas Vista Hermosa y Quebradanegra. También se desempeñó como consejero de la Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ, donde trabajaba hace cerca de 20 años en representación y como vocero de las comunidades indígenas de la región.

Se destacó por ser coordinador de justicia de la Organización de Indígenas del Quindío, Oriquín, y representante del cabildo de adultos mayores y tenía notable reconocimiento por su dignidad étnica, su rol y autoridad y como líder político.

Aunque aún no se sabe de las causas que produjeron este execrable crimen y las autoridades iniciaron las investigaciones del caso, este asesinato venga de donde venga mancha de sangre la arena democrática y electoral del departamento tratándose de un líder social, no solo con reconocimiento local, sino insertado ya en grandes causas de la agenda nacional indígena.

Condenar este vil asesinato es lo menos que puede hacerse en momentos en los cuales la tensión política en las distintas órbitas del departamento favorece la confusión que pudiera explicar este acto criminal que enciende nuevamente las alarmas ya planteadas anteriormente en cuanto a las amenazas a líderes sociales y los peligros que pueda desencadenar en estos últimos días de la contienda electoral y a varias decisiones que estánen juego frente al futuro institucional del territorio.

No puede ser que uno de los departamentos en los cuales las elecciones en paz podría haber sido un saldo de invicto en materia de tolerancia social y política, se empañe y enlute de esta manera.

Puede ser que los cruentos enfrentamientos entre campañas generen algunas tensiones y provoquen también acciones judiciales, disciplinarias, fiscales y de otro tipo, pero llegar al punto del asesinato es la peor manifestación que puede tener la región en términos de convivencia y tolerancia política.

La especulación podrá rondar por estos días el crimen infame de Constantino, pero lo cierto es que nada, absolutamente nada, justifica una acción violenta de este tipo contra la vida de un hombre que buena parte de su vida la dedicó a la defensa del interés de sus comunidades y de otras expresiones étnicas del Quindío, la región y el país.

Además del pesar por esta muerte violenta y de expresar toda la consideración a su familia y comunidad, este crimen adicional al repudio generalizado que ha causado, debe ser lección ejemplarizante para que la tolerancia y el convivir con la diferencia sean soporte vital y mínimo de la democracia local, para que por nada se tengan que seguir presentando casos que lo único que hacen es agravar la situación de incertidumbre frente a tantas problemáticas y dejar asomar de nuevo las sombras intolerantes del sicariato como siniestra forma de silenciar las discrepancias y vocerías contrastantes propias de la democracia.

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