Editorial / JUL 04 2020

Manzanas podridas

Ya son 31 militares, entre soldados y suboficiales, que han sido retirados del Ejército, al parecer involucrados en delitos sexuales con menores de edad. El crimen cometido contra la niña indígena destapó varias ollas podridas.

Manzanas podridas

La violación de la niña indígena parece confirmar que históricamente el Ejército ha sido un repositorio de un buen número de hombres con muchas deficiencias educativas, afectivas y morales. Aunque el presente de esta valiosa institución es menos turbio que hace unos años, todavía hay mucho por hacer para que el desprestigio de esta fuerza armada no siga aumentando. Este glorioso ejército colombiano no merece la imagen que se ha ganado por el actuar delictivo de algunos de sus integrantes.

El más reciente acto criminal cometido por miembros de esta institución no puede ser otro caso más que se investigue y luego caiga en el olvido hasta que de nuevo otro hecho delictivo, protagonizado por uniformado, sacuda el país. No más. Qué hace falta para implementar un auténtico proceso de profesionalización en las fuerzas militares en el país. No tiene porqué ser el Ejército un escampadero de delincuentes, desocupados o desahuciados morales, no, eso es lo que produce episodios tan lamentables como el que hoy tiene de luto a un país entero.

Hizo carrera en voz de algunos adultos, refiriéndose a jóvenes rebeldes, la frase aquella que rezaba: mándelo a pagar servicio para que se arregle. El Ejército no puede verlo la sociedad como un reformatorio, tampoco puede haber desesperación por reclutar personas de toda calaña. Por fortuna ya son parte del pasado las famosas batidas, esas pescas milagrosas en las que a un camión iban echando cuanto vago indocumentado encontraban en una esquina fumando marihuana y que contribuyeron al desprestigio de tan cara institución para los colombianos.

No puede ser que el servicio militar sea obligatorio, eso también ha contribuido a que como sea se tengan que cumplir metas de reclutamiento sin ningún criterio de selección y que cualquiera se pueda enlistar. Pertenecer al Ejército tiene que ser igual de meritorio que ingresar a la Fuerza Aérea o a la Marina. No puede haber estratificación social en las fuerzas armadas de un país, todas tienen el mismo objetivo y son igual de valiosas.

Hay que reconocer que se han hecho modificaciones, que la disciplina de formación ya no solo apela a la fuerza bruta, que los uniformados tienen posibilidad de estudiar y superarse con el apoyo de la institución, que se favorecen otras áreas de formación y que el bienestar social que ofrece el Ejército ya no es una quimera. Pero falta más, mucho más.

Los criterios de selección y permanencia en las filas del Ejército deben ser altas, es la única manera de recuperar el prestigio. Es imposible lograr que Colombia vea con otros ojos a los soldados si ellos se sienten maltratados, menospreciados y tienen los cuarteles y el camuflado no como un proyecto de vida sino como la única y última opción que les queda en la vida, y además les pagan con monedas por arriesgar su vida. 

Esta semana el comandante del Ejército aseguró que desde el año 2016 se han abierto investigaciones a 118 miembros de la institución por abuso sexual de menores y que por este motivo 45 uniformados fueron retirados del Ejército. Quienes juraron defender la patria con honor y lealtad no pueden ser verdugos para quienes ven en ellos a sus salvadores, como seguramente le ocurrió a la niña indígena, que en un abrir y cerrar de ojos vio a seis ‘héroes de Colombia’ convertirse en sus torturadores y violadores.

 

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