Miércoles, 13 Nov,2019
Editorial / OCT 14 2019

Más que aniversario

La coyuntura ha estado altamente permeada por los sucesos electorales que, sin duda, contaminan el ambiente de la ciudad y su entorno. 

Más que aniversario

Lo ideal hubiese sido estar celebrando unos 130 años de vida institucional de Armenia con todo el carácter festivo que la fecha amerita. Lo cierto es que desde la propia programación y el ambiente natural en la ciudad, atravesado un poco más por los vientos electorales, la celebración perdió brillo y pasó como una más sin los atributos anímicos y la motivación popular que quizás la capital del Quindío lo hubiese necesitado.

El ánimo de la ciudad desde hace rato y desde el punto de inflexión en el que inevitablemente se empezaba a medir el rendimiento institucional del gobierno del alcalde Óscar Castellanos con su primer año de gestión, desnudaba lo ya repetido en tantos escenarios y sustentado en estudios y encuestas; una ciudad con una ciudadanía triste, desentendida, desconfiada y con una alta dosis de desesperanza.

La coyuntura ha estado altamente permeada por los sucesos electorales que, sin duda, contaminan el ambiente de la ciudad y su entorno. Las ráfagas de información falsa que va y que vienen desde cientos de trincheras políticas, politiqueras y de delincuentes cibernéticos ha hecho que una especie de conspiración circunstancial haya afectado ese ánimo de la ciudad y ni se ha sentido el fervor por motivo de las fiestas de la ciudad, y menos, el otro fervor proselitista por cuenta de las  elecciones del 27 de octubre.

A lo mejor, esta fecha lo que sí puede tener de importante es qué tipo de regalos le dejan quienes aún tienen la responsabilidad de gobernarla hasta el 31 de diciembre de este año; y lo que le regalarían de verdad, verdad, quienes pretenden gobernarla desde el 1 de enero de 2020. 

Debería hacerse un esfuerzo por parte de la administración municipal de dejar una Hoja de Ruta que empiece desde ya a facilitar las tareas de empalme como para que los colapsos que ha tenido la ciudad sean más asimilables por quienes lleguen a asumir los nuevos retos y desafíos de gobierno.

Hay toda una agenda de asuntos gruesos como la herencia por los escándalos de valorización, los complejos temas asociados a inseguridad, microtráfico, movilidad, infraestructura, desempleo y tantos más que son transversales con el grave deterioro del tejido social armenio. Toda una síntesis de pendientes que por lo menos deben dejarse bien diagnosticados y con rutas básicas antes de decirle adiós al gobierno.

Y de parte de quienes llegan y saben clara y crudamente con qué se van a encontrar, debe aprovecharse estos días finales de campaña para recalcar argumentalmente y con toda la seriedad del cómo y qué es lo que harán para enfrentar toda esta pesada agenda de asuntos pendientes en una ciudad que no aguanta más engaños ni más desesperanza, pues la reserva de confianza está al límite y la paciencia a punto de estallar.

Que el mejor discurso de esperanza pueda incubarse desde este día, pero no como ritual protocolario y solemne de la celebración, más bien como la oportunidad de hacer la advertencia colectiva de la responsabilidad compartida entre gobernantes, próximos gobernantes y gobernados de sacar adelante a Armenia y asumir que solo con la mejor sinergia ciudadana y la mejor versión de quienes pretendan gobernarla podrá iniciarse el proceso de reconstrucción del tejido de confianza que espera y reclama la ciudad.

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