Jueves, 17 Oct,2019
Editorial / SEP 17 2019

Más vigilancia ciudadana

Quizás el primer veedor y el más poderoso como para que las cosas empiecen a cambiar —desde lo más pequeño, pero a la vez más grande— en el sentido de la democracia, es la decisión ética y moral que toma cada persona.

Adicional a los dispositivos individuales y colectivos que ha venido tejiendo la institucionalidad colombiana para la vigilancia de las próximas elecciones, y que cuenta entre otras sinergias con la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía, las autoridades policiales y militares, colectivos ciudadanos, la misma registraduría, los propios partidos, múltiples ONGs nacionales e internacionales, la OEA y la ONU, la MOE y los mismos medios de comunicación con algunas unidades investigativas muy activas regionalmente, para estas elecciones entrarán en vigencia las denominadas veedurías electorales y ciudadanas.

Sí, por primera vez en Colombia habrá veedurías electorales y ciudadanas para hacer seguimiento a los procesos electorales que se adelanten en el país. Las veedurías que ya se han acreditado ante la dirección de Inspección y Vigilancia del CNE estarán integradas por mínimo 3 y máximo 6 personas y podrán ser municipales, distritales y departamentales. Entre sus competencias estarán: denunciar irregularidades; monitorear y verificar el cumplimiento de las normas sobre propaganda electoral, la financiación de las campañas, requisitos y calidades de los candidatos inscritos, y las campañas pedagógicas que emprenda la autoridad electoral en las etapas pre y pos electoral. Las veedurías ciudadanas no reemplazarán los Tribunales de Garantías Electorales, pero serán un importante soporte desde su misión principal y también complementaria.

Los veedores electorales no podrán ser candidatos de ninguna organización política, tener parentesco en 4 grado de consanguinidad con un aspirante, ser empleados públicos o contratistas de entidades públicas ni participar en actividades de los partidos o movimientos políticos, tampoco podrán suspender un proceso electoral.

 Es un eje más de los tantos que intervendrán en el mapa eleccionario del país y hacen parte del enorme coro de voces que han empezado a instrumentalizar y sistematizar su capacidad de denuncia frente a los fenómenos de corrupción que históricamente han azotado las justas democráticas en el país. Será un esfuerzo más para que los emporios de la corrupción electoral, sepan que habrá más lupas que nunca siguiendo los pasos de las candidaturas, sus cuentas, fuentes de financiamiento y operaciones económicas que normalmente eran disfrazadas o escondidas tras las fachadas de la trampa.

Seguramente el lema del corrupto será “hecha la ley hecha la trampa... y puesta la lupa, puesto el tapón”, pero lo cierto es que para estas elecciones se incrementarán los estamentos, recursos y sistemas de inteligencia que ayudarán en alguna medida a mejorar el blindaje del proceso. Esto podría explicar el porqué de tanta y tanta mesura y cálculo de algunas campañas otrora adueñadas y reconocidas por el derroche y la alevosía económica.

Ojalá y lo diremos todo el tiempo, las trapisondas electoreras, los esguinces financieros y los atajos esculpidos desde los despachos públicos no sean superiores a la fuerza vigilante del grueso de la institucionalidad, y al nuevo poder del ciudadano, quizás el primer veedor y el más poderoso como para que las cosas empiecen a cambiar —desde lo más pequeño, pero a la vez más grande— en el sentido de la democracia, es la decisión ética y moral que toma cada persona.

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