Miércoles, 26 Jun,2019
Opinión / NOV 15 2018

Memorias de poco tiempo

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Joe Brainard, diseñador y cineasta, escribió un texto que se ha convertido en una obra de culto para lectores inteligentes, es decir lectores que han sabido escapar de las mentiras y falsedades impuestas por la publicidad. El texto se llama “Me acuerdo cuando y otros autorretratos” y plantea una estrategia para recuperar la memoria inconsciente a partir de esa pregunta: “Me acuerdo cuando en 1951 —esto ya es mío— veníamos mi primo Gustavo y yo de la biblioteca de la universidad de Antioquia a la cual acudíamos a leer por la tarde y nos detuvo la policía. Éramos unos simples niñitos y nunca pudimos regresar a la biblioteca porque ya el terror se había apoderado de las calles”. Recurrir a esta metodología es impedir que nuestros recuerdos personales sean desvirtuados o que incluso lleguemos a avergonzarnos de ellos o a pensar que debemos olvidarlos. “Me acuerdo, dice Brainant, de los días lluviosos a través de la ventana”. Contra el recuerdo personal enfocó sus baterías ideológicas el estalinismo calificándolo de “subjetividad pequeñoburguesa” reacia a integrarse a la “memoria colectiva”, lo que supone la aberrante manipulación ideológica de los recuerdos.

 

Por eso los déspotas persiguen a lo íntimo ya que es en esta intimidad donde se refugia el alma, el alma que guarda fidelidad a sus muertos ya que hasta allí no puede penetrar la garra del censor. Esta aberrante teoría fue llevada a la práctica en la Cuba castrista, en la Venezuela de Maduro y ha sido impuesta en Colombia a través de una larga tarea de adoctrinamiento de grupos de ingenuos escritores o de militantes disfrazados de intelectuales. Ya Zamiatin en su inmortal Nosotros mostró los procedimientos de un sistema totalitario para eliminar de la memoria individual todo rastro de recuerdo e imponer la verdad del Partido Único. Walter Benjamin replicó diciendo que lo que llaman historia es un recuerdo que está en peligro. Broinard a través de esta metodología rescata por el contrario el valor que alcanza el lograr recordar y no el tener que aceptar la memoria impuesta por una organización que preconiza la aceptación del olvido por decreto de todas sus fechorías pero —por carambolas— deja muy mal parados a quienes se las justificaron. “Me acuerdo de la sopa de pollo con fideos cuando estaba enfermito” pero también Brainard se acuerda: “Me acuerdo de los uniformes de los alemanes, me acuerdo de los refugiados” ¿Por qué no sabemos nada de los guerrilleros muertos, de los fusilados por “desviaciones ideológicas”? ¿De los heridos que fueron abandonados en la selva? “Me acuerdo cuando el comandante volvió a violarme”.

Como lo ha señalado con gran solvencia jurídica Nicolás Uribe lo que la JEP busca al calificar de político en el caso de las Farc, un crimen de lesa humanidad como el secuestro, es corromper el lenguaje, es, como en el caso del siniestro juez que reclama airado que Estados Unidos ‘debe’ entregarle todas las pruebas que tiene contra Santrich, dilatar el proceso mediante un despropósito verbal y finalmente tratar de socavar el Estado de Derecho. 


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