Jueves, 14 Nov,2019
Opinión / JUN 23 2019

Menopausia y violencia sexual

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La manera más sencilla de explicar la menopausia puede ser: es la finalización de los periodos menstruales en una mujer, la cual se diagnostica en retrospectiva. Se presenta entre los 45 y 55 años. En Colombia la edad de su debut está alrededor de los 49,3 ± 2,5 años. Los síntomas varían de una mujer a otra, y afectan hasta el 75 % de la población, con una duración de menos de un 1 año en la mayoría, pero se pueden extender más allá de 5 años en el 12 %.

En la menopausia, la mujer está expuesta, debido a la disminución de los estrógenos, a una oleada de cambios en la fisiología de su cuerpo, lo que trae consigo una serie de consecuencias negativas a su calidad de vida. En la salud sexual, se pueden presentar un conjunto de trastornos en los que las modificaciones fisiológicas o variabilidades psicológicas, dificultan la intervención o la satisfacción en las actividades sexuales, lo cual se traduce en la incapacidad para participar en una relación sexual de la forma en que le gustaría hacerlo. 

Las disfunciones sexuales en una mujer adulta madura —mayor de 45 años—, se caracterizan principalmente por disminución del deseo sexual —79,4 %—, alteración en la lubricación —25,5 %— y dispareunia —14,1 %—; muchas veces, estos problemas están asociados a las alteraciones urogenitales que determinan al síndrome genitourinario de la menopausia, el cual aqueja al 51,6 % de las mujeres en Colombia, de acuerdo a mis propias investigaciones.

La presencia de la constelación de síntomas de la menopausia, tanto en la salud vaginal, como en el resto del organismo, hacen que muchas mujeres perciban esta etapa, como el fin de su sexualidad; cuando en realidad la clausura no es para el placer, sino para la reproducción. Es incuestionable que la sexualidad se verá afectada por factores hormonales, psicológicos, individuales, socio-culturales y de pareja, pero son inherentes a cada mujer, no al colectivo de las féminas. Lo indiscutible es que, si una mujer tuvo buen sexo de joven, de mayor no será la excepción. 

El aspecto socio-cultural es de amplia influencia en nuestro medio, y hemos heredado de las abuelas, una sociedad de “mujeres adultas asexuales”, donde no hay cabida para el derecho al goce; de ahí, que las cifras de violencia sexual —en especial la penetración forzada por la pareja—, luego de la menopausia, se encuentran oscilando entre el 9 y 18 %, porque la mujer se niega a tener actividad sexual.

A sabiendas que la sexualidad femenina se singulariza por ser compleja e influenciada de manera multifactorial, siendo imposible determinar un único agente desencadenante de las disfunciones sexuales, invito a los colegas y a las mismas mujeres a recibir la educación y orientación adecuada, en beneficio de su propia sexualidad y seguridad personal.


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