Opinión / ABR 07 2020

Misericordia Señor… Misericordia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A pesar de tu misericordia infinita Señor, te hemos ofendido. Destruimos la naturaleza, talamos los bosques, contaminamos los ríos y el aire, matamos a los animales; ya muchos de ellos se extinguieron. 

En nuestros corazones no hay paz, hay odio desmesurado. La humanidad poco a poco se está autodestruyendo. Los intereses de unos pocos prevalecen sobre el sentido común, sobre las necesidades primarias de la mayoría. Se invaden países y se aniquilan culturas por la sed incontrolada del poder. 

El respeto por el prójimo ya no existe. Actualmente hay más religiones que niños felices. En pleno siglo XXI  hay comunidades enteras que aún no conocen el agua potable ni la electricidad. 

Este mundo está enfermo hace muchas décadas. Nuestra capacidad de asombro desbordó los límites. Padres que secuestran a sus hijas y procrean con ellas. Abuelos abusando a sus nietas. Asesinatos cotidianos de niños, mujeres y líderes sociales.  Hay quienes han asesinado a sus padres por una herencia. 

Los seres humanos fuimos creados por Dios. Pero vemos un mundo en rebeldía contra el Creador. Siempre tratando de hacer nuestra voluntad, como si nosotros supiéramos más de la vida que Él mismo y la interpretamos según nuestros deseos sexuales, gustos y conveniencias.

Somos egoístas, juzgamos, criticamos, envidiamos, aparentamos lo que no somos, carecemos de humildad. 

Estamos contaminados Señor. Te pedimos perdón Señor, porque te hemos ofendido.

Devuélvenos por favor amado creador, la fe que perdimos, la paz interior, el amor por tu amado hijo Jesucristo, encarnado en nuestro prójimo.

Que en las ciudades se pueda respirar nuevamente el aire puro. Que los ríos recuperen su pureza. Que los bosques vuelvan a respirar. Que los animales regresen a su hábitat. 

Que el hombre construya familias desde unas bases firmes sostenidas por el amor, el respeto mutuo, el diálogo y la tolerancia. Que a nuestros abuelos se les devuelva la voz y el voto, permitiéndoles tomar sus propias decisiones. Que recuperen su posición como centro de atención y de experiencia y no como mueble viejo que se deja abandonado a su suerte en su habitación.

Somos conscientes de nuestras debilidades Señor, pero tú nos amas, y por ese amor infinito es que te pedimos perdón, permítenos renacer en ti Señor, amén.
 

Carlos Eduardo Orozco


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