Opinión / ABR 06 2020

No desearás a la mujer…

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Dudo de los sexólogos que escribieron los diez mandamientos, cuando dijeron “no desearás a la mujer de tu prójimo”. Lo siento por las mujeres, a quienes se les niega el derecho a ser deseadas.

Estudios muy serios nos dicen que una de las causas de la violencia generalizada en nuestro país —violencia no es solo asesinar— es que Colombia es un país mal tirado. Uno de los problemas de salud menos tratados en nuestro país, es la salud sexual. La insatisfacción sexual conlleva a la neurosis generalizada que hace que cualquier malentendido nos lleve desde una golpiza hasta un asesinato. No soy un estudioso del tema, soy simplemente un soñador de mundos imposibles, pero la creencia de la imposibilidad de recuperar el paraíso perdido, no es obstáculo para decir que este ha sido un tema tratado desde la antigüedad saliendo afectada por el machismo histórico la mujer, pues a esta se le ha negado su derecho a la autodeterminación de su cuerpo, de sus deseos, de sus ilusiones y sus sueños. Engels ya lo decía “A las mujeres, no a los hombres, se les ha ido quitando más y más la libertad sexual”. La negación de la autonomía sexual de la mujer sigue existiendo; lo que en la mujer es un crimen de graves consecuencias legales y sociales, para los hombres es simplemente una mancha que aumenta su prestigio social. Concebir a la mujer como propiedad privada la ha convertido en un ser frustrado, y sus relaciones de cama en una obligación, en que la mujer es el ánfora en la cual el hombre se masturba. Vargas Vila, el gran libelista colombiano, afirma “La infidelidad es un derecho en la mujer que ama, y en la que no ama es una obligación” ¿Por qué una mujer que ya no ama sino que sufre a su esposo tiene que ser el objeto de su masturbación? ¿Es que acaso como ser humano no tiene derecho a su salud sexual? Estudios hechos por la psicóloga Sonali Gupta concluyen que “En una pareja, tanto si hay mucho espacio entre las partes, como si ambos se centran muy cercanos y sin espacio para ser por sí mismos, la unión afectiva va a verse enfrentada a ese deseo de tener encuentros sexuales extrapareja, en la primera por exceso, y en la segunda por falta de espacio”.

Uno de los actores más determinantes en la subyugación de la mujer es la Iglesia. Cuando la humanidad pasó del comunismo primitivo a la propiedad privada eso empezó a incluir a la mujer; la Iglesia desde sus inicios la ha considerado como un ser inferior, desprovisto de deseos y salud sexual, cuyo fin debe ser servirle a su hombre y parir hijos. El placer le está negado. 

Termino parodiando la célebre frase de Marx y Engels en el Manifiesto. Mujeres de todos los países del mundo uníos. 

La mujer tiene el derecho a su salud sexual, y a la autodeterminación de su cuerpo.

 


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