Opinión / MAY 31 2020

Obligación democrática

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“Los cargos públicos son prestados, son pasajeros y son magníficas oportunidades para dar y dejar lo mejor de nosotros con la honesta convicción de servir a los demás”. Esta frase debería estar enmarcada y reposar en la entrada de cada oficina o despacho de todos los servidores públicos, en especial, los que son elegidos mediante voto popular, debido a que es el pueblo quien deposita la confianza en ellos para dirigir el rumbo de un municipio, departamento o país.  

En consecuencia, es incomprensible ver como algunas de estas personas después de conformar un equipo de trabajo, presentar una propuesta, realizar una campaña durante meses, cautivar y convencer al electorado para lograr la victoria, realicen acciones que vayan en contravía de los intereses generales y solo piensen en sus ambiciones personales. 

Situaciones como esta, son las que han generado por años desconfianza y decepción de la clase política, lo que conlleva que no haya credibilidad sobre los procesos electorales y motiva aún más la apatía en las comunidades que día a día pierden la esperanza en dar su voto de confianza para un candidato en cualquier proceso electoral. 

Prueba de lo anterior, es que casi el 50 % de los ciudadanos colombianos aptos para ejercer el derecho al voto, establecido en los artículos 40 y 258 de la Constitución Política, no lo hacen, lo que demuestra el desinterés e inclusive odio hacia los procesos democráticos y en general en la clase política. 

Es por esto que en Colombia deben surgir nuevos liderazgos, personas con vocación de servicio hacia la comunidad, que entiendan la importancia de dejar un buen legado para su territorio, para sus habitantes e inclusive, para que sus familiares y conocidos se sientan orgullosos de su profesionalismo al momento establecer la hoja de ruta para el progreso económico, educativo, social, ambiental y cultural que debe contener una efectiva administración de los recursos públicos. 

Finalmente, es importante que en una democracia todos los ciudadanos se motiven a participar en los procesos electorales, teniendo en cuenta que está en juego el destino del territorio en que viviremos por los próximos años, y si no elegimos bien, se producirán retrasos que afectaran directa o indirectamente la proyección social y económica de la ciudad. 


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